martes, 20 de julio de 2010

EMPUJA TU VAQUITA (Cuento Zen)


Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos ante estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, la casa de madera, los habitantes: una pareja y tres hijos todos descalzos y vestidos con ropas sucias y rasgadas. Entonces se aproximo al señor, aparentemente el padre de la familia, y le preguntó: En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni tampoco puntos de comercio ¿Cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí? El señor calmadamente respondió: Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc. para nuestro consumo y, así es como vamos sobreviviendo.

El sabio agradeció la información, contemplo el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En el medio del camino se giró hacia su fiel discípulo y le ordenó: Busque la vaquita, llévela al precipicio de allí enfrente y empújela al barranco.

El joven espantado miró al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Más, como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria del joven durante algunos años.

Un día el joven resolvió abandonar todo lo que había aprendido, regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos.

Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con un coche en el garaje de la maravillosa casa y algunos niños jugando en el jardín.

El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia hubiese tenido que vender el terreno para sobrevivir. Acelero el paso y cuando llegó a la casa fue recibido por un señor muy simpático. El joven preguntó por la familia que había visitado hacía algunos años con el maestro, elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita): ¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida? El señor entusiasmado le respondió: nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.

FOTO: Daniel Schwen. Archivo de Wikimedia Commons, un depósito de contenido libre hospedado por la Fundación Wikimedia

3 comentarios:

  1. Un cuento que levanta la moral, aunque también ocurre, como puede ser mi caso, que uno no tiene por lo general muchas habilidades entre las que escoger.

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  2. El conformismo es peligroso, a veces nos conformamos con lo que simplemente está "bien" y no somos capaces de desarrollar todo nuestro potencial.
    Valemos más de lo que nos creemos.

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  3. Señor Baquero, usted tiene una habilidad que practica como los ángeles, que es escribir. Nada ni nadie debería sacarle de ese camino, aunque tenga que empujar "vaquitas" que le impidan avanzar, "vaquitas" que todos tenemos, por otra parte.

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