miércoles, 6 de julio de 2016

Afroamericanos en la Guerra Civil española


Por: Javier Coria.

De los casi tres mil norteamericanos que vinieron a España con la Brigada Lincoln en apoyo de la República, ochenta y cinco eran voluntarios negros que lucharon contra el fascismo y por unos derechos que les negaban en su propio país. Hoy, un documental les hace justicia.

EL ÚLTIMO BRIGADISTA LINCOLN

La noticia nos llegó a través de la agencia EFE/USA el 1 de marzo del presente año: “El último combatiente conocido de la Brigada Lincoln que combatió en la guerra civil española, Delmer Berg, falleció en su casa de California a los 100 años”. El óbito había ocurrido el domingo 28 de febrero de 2016. Berg (nacido en 1905) era hijo de granjeros, trabajó como agricultor y ejerció de sindicalista en su país. Ingresó en el Partido Comunista de los Estados Unidos en España, mientras estaba en un hospital valenciano recuperándose de las heridas que la metralla, después de un bombardeo, le había causado en el hígado. Como muchos republicanos y los brigadistas que sobrevivieron, Delmer Berg, luego luchó contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial formando parte del ejército de los EE.UU.

Las brigadas internacionales acudieron a defender la democracia y el gobierno legamente constituido de la Segunda República frente a los militares golpistas del general Francisco Franco. Cerca de 50.000 voluntarios, hombres y mujeres, de 54 países, llegaron a España, aunque en cada periodo de la guerra no pasaron de 20.000 combatiendo en los distintos frentes. Sobre las Brigadas Internacionales escribió el hispanista francés Pierre Vilar en su célebre libro La Guerra Civil Española: “Sería excesivo  (y se hace a veces) que esta presencia fue decisiva. Era débil numéricamente y no hay que exagerar la experiencia de guerra de los “internacionales” (salvo en el caso de algunos oficiales). Pero estos “voluntarios de la libertad” se batieron con tanta fe, que el efecto psicológico fue considerable en un enfrentamiento en el que los valores simbólicos desempeñaron un gran papel”. Cerca de 15.000 brigadistas murieron en España, y otros tantos fueron heridos. No todos los combatientes extranjeros del Frente Popular vinieron de fuera, algunos ya residían en España como refugiados políticos al escapar de regímenes fascistas como el alemán o el italiano, entre otros. Como curiosidad, muchos de estos extranjeros fueron los participantes de las Olimpiadas Populares que, en el verano de 1936, se estaban celebrando en Barcelona, mientras en Berlín Adolf Hitler presidía las oficiales. Lo que apenas se conoce para la historia de Estados Unidos y España es que entre aquellos voluntarios había ochenta y cinco afroamericanos, historia que hoy se desvela en un documental.


LOS HÉROES OLVIDADOS

El documental “Héroes invisibles: Afroamericanos en la Guerra Civil española” (African-Americans in the Spanish Civil War) narra la peripecia de unos hombres que vinieron a unas lejanas tierras para luchar por la libertad, contra el racismo, y los derechos civiles que les negaban en su propio país. Con guión y dirección de Alfonso Domingo y Jordi Torrent, y con la producción de los citados más de Mireia Sentís, el film cuenta con la participación de expertos e historiadores de Estados Unidos y España. Podemos ver imágenes de archivo inéditas, y la filmación en los escenarios históricos de Misisipi, Chicago, Nueva York y de Madrid, Levante, Aragón. El documental ya se ha podido ver en los cines Girona de Barcelona, en Salamanca, la Cineteca de Madrid, y el día 22 de junio en el Centro de Arte de Santa Mónica, en las Ramblas de Barcelona. El próximo mes de septiembre se presentará oficialmente en Madrid y Barcelona y ya se está preparando su versión en DVD.


Como es lógico, un documental como este no hubiera sido posible sin los testimonios de testigos y veteranos de la Brigada Lincoln, y entre ellos destaca las vivencias del veterano afroamericano James Yates.

DE MISISIPI A MADRID

Los afroamericanos que vinieron a luchar contra el fascismo en España se sintieron libres por un tiempo. Atrás dejaban la segregación, los linchamientos periódicos de familias negras por el Ku Klux Klan, que recordaban a los “paseíllos” de los falangistas, un trabajo regulado que sustituyó al trabajo esclavo pero cuyas condiciones laborales, salarios y extenuantes jornadas nada tenían que envidiar al esclavismo. En las grandes ciudades, los polacos, los irlandeses, etc., también sufrían la misma marginación que los negros. Junto a ello, florecieron las primeras marchas sindicales en el Chicago de los años veinte. En esas marchas, en el año 1936, aparecieron las primeras muestras de solidaridad con la república española y contra el fascismo. Si el fascismo vencía en España, luego vendría lo que al final sucedió, la Segunda Guerra Mundial y el ascenso del nazismo en Alemania y el fascismo en Italia. Algunos norteamericanos, demócratas, sindicalistas, socialistas, obreros, estudiantes, intelectuales, etc., pasaron a la acción y llegaron a España, muchos de ellos encuadrados en la Brigada Lincoln. Entre ellos estaba James Yates, que recogió sus experiencias en el libro De Misisipi a Madrid. Memorias de un afroamericano de la Brigada Lincoln (ed. La Oficina. Madrid, 1986 y reedición en 2011).


Cuando James Yates volvió a su país tuvo lugar una escena que por lo ilustrativo de la misma citamos a continuación a pesar de su extensión:

“Cuando bajamos del barco, vimos la multitud que había venido a recibirnos. Llevaban pancartas de bienvenida y gritaban ¡No pasarán! La radio y los periódicos hacían todo lo posible por entrevistarnos. La gente nos abrazaba, nos besaba y nos daba la mano. Algunos familiares lloraban de alegría. Habían muerto tantos que resultaba reconfortante ver que algunos volviéramos con vida.

Los que habían organizado nuestro hospedaje necesitaron horas para librarnos de la multitud. Nos llevaron al Hotel Grand, situado en la calle 33 con Broadway. Era un hotel pequeño, modesto y limpio. Algunos hombres ya se habían registrado cuando llegó mi turno. El recepcionista ni siquiera me miró: “Lo siento, ya está completo”. Uno de los organizadores se adelantó, frunciendo el ceño.

- Pensaba que tenías muchas habitaciones

El recepcionista repitió, como si yo fuese transparente:

- Está completo.

- ¿Está completo? ¿O quizá es que no aceptáis negros?

El recepcionista permaneció indiferente, con la misma actitud que el tipo que paró a Elijah Collins en la estación de Meridian, Misisipi, muchos años atrás. Dijo: “¡Está completo!”.

Sentía una gran pena. ¿Tan pronto? ¡Acababa de bajar del barco! Tras haber vivido la aceptación en los cafés y hoteles de Francia y España, me sorprendió tener que encajar el golpe tan rápido. El dolor fue más intenso que cualquier balazo. Tenía la impresión de volver a estar en una trinchera. Pero se trataba de otro frente. Ahora estaba en casa”.


Los compañeros de James Yates, todos, abandonaron aquel hotel, que al final no era tan limpio como parecía, era un albañal de racismo e intolerancia. James Yates (1906-1993) nació cerca de la ciudad de Quitman, en el estado de Misisipi. Huyendo de la pobreza, se metió en un tren como polizón hacia Chicago, donde su primer trabajo fue en una planta empaquetadora de carne. Salió adelante en situaciones extremas hasta que se empleó como camarero en el ferrocarril; pero luego vino la Gran Depresión y todas sus esperanzas ennegrecieron como el hollín del carbón de las primeras locomotoras a vapor. James Yates fundó el sindicato de camareros de ferrocarril y, estando en Nueva York, se involucró en varias campañas por los derechos civiles y entró a militar en el Partido Comunista de Estados Unidos. ¿Se imaginan? Negro y comunista en la época del director del FBI, John Edgar Hoover, que años más tarde llegaría a liderar la llamada “Caza de Brujas”.

Entre 1910 y 1930, durante la llamada Gran Migración, miles de afroamericanos dejaron sus pueblos y ciudades del sur para superpoblar los barrios obreros de Chicago, Detroit y Nueva York. La industria y la construcción necesitaban mano de obra barata, y la encontraron. Las pésimas condiciones de trabajo y los sueldos míseros, hizo que los recién llegados se hacinaran en verdaderos guetos en condiciones de higiénicas nada saludables. La cosa se agravó cuando desde el campo empezaron a llegar ganaderos y granjeros en paro. Los blancos ricos empezaron a abandonar el centro de las ciudades para habitar en los barrios residenciales.


Muchos de esos granjeros e inmigrantes interiores eran familias blancas que lo habían perdido todo con la Gran Depresión. Algunas de las grandes revistas ilustradas de la época censuraban reportajes que enseñaran a blancos empobrecidos, no podía ser que las medidas para mitigar la crisis, el New Deal del presidente Roosevelt, no tuvieran efecto. Esta censura la sufrió unos trabajos que luego formarían un bello libro de título extraño: Elogiemos ahora a gente importante (Planeta, 2009) del escritor y guionista de cine James Agee. El origen del libro fueron unos reportajes que Agee, junto al fotógrafo Walker Evans, realizaron durante ocho semanas en Alabama. La revista Fortune encargó a los periodistas unas entrevistas a terratenientes y granjeros que se estaban recuperando gracias a las leyes intervencionistas de New Deal. Pero volvieron con un material con descripciones detalladísimas, casi hasta la obsesión, de familias pobres que vivían con dignidad su condición. Las fotos de Evans enseñaban estancias humildes y dramáticamente vacías, niños blancos descalzos y madres con sus bebés en brazos que nos recuerdan, por desgracia, a esas madres refugiadas que para nuestra vergüenza siguen en campos de internamiento de esta hipócrita Europa. Nunca se publicaron estos reportajes en Fortune.


El libro Elogiemos ahora a gente importante

La concienciación de los afroamericanos por la lucha internacionalista contra el fascismo vino tras los bombardeos de las tropas fascistas de Mussolini sobre Etiopía. Luego la guerra de España tomó el triste relevo. James Yates se encontró en España, y se relata en el libro, con Ernest Hemingway, Langton Hughes y Oliver Law, comunista y sindicalista que fue comandante del Batallón Lincoln siendo el primer negro en comandar una unidad militar en la historia de Norteamérica. Law murió el 9 de julio de 1937, cuando dirigía a sus hombres en un ataque al Cerro del Mosquito (Villaviciosa de Odón, Madrid), durante la Batalla de Brunete.

No hay mejor forma de terminar esta pieza que citando de nuevo a James Yates:

“Algunos días se pierde y otros se gana. Y entre tanto, progresos, retrocesos, ataques y contraataques. Pero de algo estoy seguro: el enemigo no puede ganar siempre. Igual que sale el sol, la gente continúa levantándose y luchando por la dignidad humana y la libertad”.


Publicado en Rambla/Público

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