miércoles, 30 de enero de 2013

CUENTOS DE UN MINUTO (ÖRKÉNY)



HOGAR

La niña sólo tenía cuatro años, de manera que con seguridad sus recuerdos eran confusos. Su madre, para hacerla consciente del inminente cambio, la llevó hasta la cerca de alambre de púas y, de lejos, le mostró el tren.

-¿No te alegras? Ese tren nos llevará a casa.

-Y entonces ¿qué va a pasar?

-Entonces estaremos en nuestro hogar.

-¿Qué es un hogar? –preguntó la niña.

-Donde vivíamos antes.

-Y allí ¿qué hay?

-¿Te acuerdas todavía de tu osito?

Quizás también estén allí tus muñecas.

-Mamá –preguntó la niña-, ¿en casa también hay guardias?

-No, allí no hay.

-Entonces –preguntó la niña-, de allí ¿podremos escapar?


PENSAMIENTO EN EL SÓTANO

La pelota atravesó la ventana rota y cayó en el pasillo del sótano.

Una de las niñas, la hija de catorce años de los conserjes, bajó renqueando a buscarla. A la pobre el tranvía le había cortado la pierna por debajo de la rodilla, y se sentía feliz cuando podía recoger pelotas para los demás.

En el sótano reinaba la penumbra, pero de todas maneras le llamó la atención algo que se movía en un rincón.
¡Minino! –dijo la muchacha de pierna de palo de la conserjería-. Y tú ¿qué aquí, gatito?

Alzó la pelota y, como pudo, se apresuró a llevarla.

La vieja, sucia y hedionda rata –fue a ella a quien confundieron con un gatito –se sorprendió. Así no le había hablado todavía nadie.

Hasta ahora sólo la odiaron, le lanzaron pedazos de carbón o huyeron aterrados ante su presencia.

Por primera vez se le ocurrió lo diferente que hubiera sido todo si, por ejemplo, hubiera nacido gato.

Es más -¡porque así de insaciables somos!-, continuó tejiendo sus fantasías. ¿Y si hubiera nacido para ser la muchacha de pierna de palo de la conserjería?

Pero eso ya hubiera sido demasiado hermoso. No se lo pudo ni imaginar.


LA MUERTE DEL ACTOR

Hoy en la tarde, en una de las calles laterales a la avenida Üllöi. Perdió el conocimiento y cayó desmayado Zoltán Zetelaki, el popular actor.

Los transeúntes lo llevaron a la clínica más próxima, pero resultó vano todo intento por resucitarlo con los avances más recientes de la ciencia, incluido el uso de un pulmón de acero. El excelente actor, después de una larga agonía, falleció a las seis y media de la noche; su cuerpo fue trasladado al Instituto de Anatomía.

A pesar de este trágico acontecimiento, la representación de esa noche de El rey Lear transcurrió sin contratiempos. A pesar de que Zetelaki se retrasó un poco, y en el primer acto se le notó extremadamente cansado (en algunos momentos fue evidente que requería de la ayuda del apuntador), luego se encontró a sí mismo, y la muerte del rey ya la representó con una fuerza tan convincente, que recibió un aplauso estruendo.

Después lo invitaron a cenar, pero no fue. Se limitó a decir:

-Hoy tuve un día muy difícil.


IN MEMORIAM DOCTOR K.H.G.

-Hölderlin ist Ihnen unbekanny? (*)preguntó el doctor K.H.G., mientras cavaba la fosa para el caballo muerto.

-¿Quién era ése? –preguntó el guardia alemán.

-El que escribió Hiperión –explicó el doctor K.H.G. Le gustaba mucho explicar -. La figura más importante del romanticismo alemán. ¿Y Heine, por ejemplo?

-¿Quiénes son esos? –preguntó el guardia.

-Poetas –dijo el doctor K.H.G. -. ¿Tampoco conoce el nombre de Schiller?

-Sí, lo conozco –dijo el guardia alemán.

-¿Y el de Rilke?

-También –dijo el guardia alemán, y de un tiro mató al doctor K.H.G.

(*) ¿No conoce usted a Hölderlin? (N. de la T.)


CLIENTE FIJA

-Discúlpeme, mi querida señora, pero hoy no le puedo leer el menú, vea alrededor, es la hora punta, y cuando sucede, no sé ni dónde tengo la cabeza. Pero, ya que por casualidad se han sentado a la misma mesa, quizás podríamos pedirle al joven caballero, mientras le traigo los filetes a la vienesa, que le lea a la abuela el menú, con excepción de las sopas, porque ésas no le interesan.

-Por supuesto. Pescados. Hay carpa rebozada. Carpa a la parrilla, con ensalada de patatas.

-Le confieso que no soy amiga de los pescados, aunque se dice que en este sitio no compran carpas de lago, sino de río. Todo el mundo habla bien de la cocina de este lugar. Yo lo único que no soporto es que escriban el menú a mano.

-¿Entonces no continúo con los pescados?

-No me entiende. Yo no tengo nada en contra de los pescados, sino de los menús escritos a mano, porque me cuesta leerlos, más aún aquí, donde usan un papel carbón de mala calidad, y la escritura se ve toda borrosa.

-Hay dos tipos de cazuela de pescado. Con espinas y sin espinas. ¿Le pido alguna de ellas?

-¿Qué le ocurre? ¿Y por qué grita? Detesto los gritos.

-Creía que tampoco el oído de la abuelita andaba bien. Entonces voy con las carnes. Guisado con pimienta. Croquetas con guisantes frescos.

-No tengo ningún problema con los oídos. Y ver también veo bastante bien, sólo que no puedo descifrar los menús escritos a mano. Pero mi jubilación no alcanza para comprar ropa elegante, y en los restaurantes de más categoría, donde escriben los menús a máquina, no ven con buenos ojos a los clientes de trajes raídos, como yo.

-Filete de res con salsa. ¿Le digo los precios también? Doce con veinte.

-No me interesan los precios, aunque tuve que hipotecar la mitad de mi jubilación por cinco meses, una vez que me di un golpe tan fuerte en la rodilla, con la gaveta de la mesilla, que se me inflamaron tres cartílagos. La mujer que me dio el préstamo ahora me ha demandado.

-Todavía faltan un montón de platos de carne, así nuca vamos a terminar.

-Fíjese a ver si tienen medallones, porque hace semanas que no aparecen en el menú, pero no sólo aquí, sino en el barrio entero.

-Pues bien, ahora sí hay. Medallones con patatas cocidas. ¿Se los pido?

-¡No, de ninguna manera! Por lo demás, no quisiera que malinterpretara lo que dije hace un momento de los restaurantes de más categoría. Yo no deseo ir a ninguno de ellos, ya que en estos lugares modestos preparan las comidas con mucha más fantasía. Aquí suele haber incluso lomo con salsa de hongos.

-Ahora también hay. ¿Le pido eso?

-Ay, no qué va. Por suerte conseguí una buena cooperativa de abogados, y ahí me explicaron que ni las jubilaciones ni las pensiones pueden ser embargadas.

-Bueno, ¿quiere que lea o no? Pulmones agrios con pasta. Tuétano de riñón. Espinacas con huevos fritos.

-Yo sólo quisiera saber por qué en todas partes las espinacas con huevos fritos aparecen junto a las carnes. Pero veo que ya está impaciente. Léame todavía los postres, los quesos no me interesan.

-Tarta de manzana. Dulce de manzana. Había también pastel de hojaldre tirolés, pero ya se acabó.

-Le agradezco su amabilidad. Hoy en día todos hablan mal de los jóvenes, dicen que son indiferentes o insensibles, pero yo sólo he notado que casi todos son impacientes. Usted también, joven, leyó muy deliciosamente, pero de todas maneras se podía sentir que también usted está apurado… Muchas gracias de nuevo. Hasta la vista.

-¿Se marcha?... Mire, señorita, se fue la abuela, aunque le leí el menú completo.

-¿Los quesos también?

-No, los quesos no.

-Suelo mencionar que no sólo las sopas, sino que los quesos tampoco hay que leérselos, pero ella siempre llega a la hora punta, cuando ni sé dónde tengo la cabeza… Aquí tiene sus filetes a la vienesa.


ISTVÁN ÖRKËNY

(Del libro Cuentos de un minuto. Selección de Zoltán Fráter, traducción de Judit Gerendas. Thule Ediciones, 2006)

PINTURAS: George Grosz

1 comentario:

  1. Qué precisión... es como acercarse a un universo con la mirada de un entomólogo a través de un microscopio. Muy buenos.

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