jueves, 9 de septiembre de 2010

CUANDO LO JUSTO ES SUFICIENTE


¡Cuentos largos! ¡Tan largos! ¡De una página! ¡Ay, el día en que los hombres sepamos todos agrandar una chispa hasta el sol que un hombre les dé concentrado en una chispa; el día en que nos demos cuenta que nada tiene tamaño, y que, por lo tanto, basta lo suficiente;

el día en que comprendamos que nada vale por sus dimensiones –y así acaba el ridículo que vio Micromegas y que yo veo cada día-; y que un libro puede reducirse a la mano de una hormiga porque puede amplificarlo la idea y hacerlo el universo!

Juan Ramón Jiménez

EL TIOVIVO

El niño que no tenía perras gordas merodeaba por la feria con las manos en los bolsillos, buscando por el suelo. El niño que no tenía perras gordas no quería mirar al tiro al blanco, ni a la noria, ni, sobre todo, al tiovivo de los caballos amarillos, encarnados y verdes, ensartados en barras de oro. El niño que no tenia perras gordas, cuando miraba con el rabillo del ojo, decía: "Eso es una tontería, que no lleva a ninguna parte. Sólo da vueltas y vueltas, y no lleva a ninguna parte." Un día de lluvia el niño encontró en el suelo una chapa redonda de hojalata; la mejor chapa de la mejor botella de cerveza que viera nunca. La chapa brillaba tanto que el niño la cogió y se fue corriendo al tiovivo, para comprar todas las vueltas. Y aunque llovía y el tiovivo estaba tapado con la lona, en silencio y quieto, subió en un caballo de oro, que tenia grandes alas. Y el tiovivo empezó a dar vueltas, vueltas, y la música se puso a dar gritos por entre la gente, como él no vio nunca. Pero aquel tiovivo era tan grande, tan grande, que nunca terminaba su vuelta, y los rostros de la feria, y los tolditos, y la lluvia, se alejaron de él."Qué hermoso es no ir a ninguna parte", pensó el niño, que nunca estuvo tan alegre. Cuando el sol secó la tierra mojada, y el hombre levantó la lona, todo el mundo huyó, gritando. Y ningún niño quiso volver a montar en aquel tiovivo.

Ana María Matute


NAGASAKI

Me llamo Yanajido. Trabajo en Nagasaki y había venido a ver a mis padres en Hiroshima. Ahora ellos han muerto. Yo sufro mucho por esta pérdida y también por mis horribles quemaduras. Ya sólo deseo volver a Nagasaki con mi mujer y con mis hijos.

Dada la confusión de estos momentos no creo que pueda llegar a Nagasaki en seguida, como sería mi deseo; pero sea como sea, yo camino hacia allá.

No quisiera morir en el camino. ¡Ojalá llegue a tiempo de abrazarlos!

Alfonso Sastre


PINTURAS: Henri Michaux

MÚSICA: Erik Satie


2 comentarios:

  1. Hermosa entrada. No sé qué me gusta más, si los textos, las pinturas o la música. Saludos desde la otra parte del mundo.

    ResponderEliminar
  2. ¡Gracias!, Agnès. Yo recomiendo pinchar el vídeo y escuchar la música mientras se leen los textos. Por cierto, el de Juan Ramón es de "Cuentos largos y otras prosas narrativas breves". El de Matute es de su libro "Los niños tontos" y el de Sastre son "Las células del terror" incluidas en "Las noches lúgubres".

    ResponderEliminar