miércoles, 23 de febrero de 2011

LA NENA


Si mi madre, que pueden ver aquí, tenía el nombre familiar de “Muñeca”, la joven de la foto es mi tía Maricarmen, conocida por la “Nena”. Es una foto preciosa que está fechada en 1945 y que, por desgracia, no incluye el nombre del fotógrafo.

Es curioso, puedo relatar pasajes enteros de la biografía de Julio Verne, Ramón y Cajal, Antoni Gaudí, Cyrano de Bergerar, Allan Poe y de algún que otro personaje histórico, pero lo desconozco casi todo de mi propia familia. ¿No les pasa a ustedes? Aquí tendrían que contestar: Sí, lo desconocemos todo de tu familia, pero ya saben a qué me refiero.

Tengo un primo enfermero, hijo de la Nena, que se llama como yo, Javier. Como yo utilizo el apellido de mi madre para firmar mis trabajos, resulta que los dos nos llamamos Javier Coria. No es la primera vez que algún despistado navegando por la Red se ha confundido y no sabía si tenía que pedirme un artículo sobre el rey Godo Wamba, o directamente que les tomara la tensión. Desgraciadamente no tengo contacto con mi primo, nos separan más de 1.000 kilómetros, espero que a él no lo llamen para acudir a una tertulia sobre vampirismo, porque seguro que acudiría con su aguja hipodérmica dispuesto a la extracción del fluido vital. Pero la alusión vampírica no es baladí, porque una de las web más documentada sobre el asunto es la de Roberto Coria (yo tengo un hermano que se llama Roberto, pero no es el estudioso mexicano. Más coincidencias). Ahora que pienso, quizá en esta confusión de apellidos esté el origen de una invitación que recibí desde Zaragoza. Se trataba de participar en una tertulia radiofónica sobre vampirismo.

Claro que las coincidencias más curiosas son las que tienen que ver con necrológicas. Un día un amigo me envió una de un tal Javier Coria que había muerto de un tiro en la cabeza en… Argentina, creo recordar, no tengo la cabeza para muchas florituras. Pero la última es esta bonita necrológica de la que les copio sus primeros párrafos:

"A la memoria del arquitecto Javier Coria

Hace rato me enteré de la muerte del arquitecto Javier Coria. Usted no lo conoce, y tampoco tiene por qué.

Pero debo decirle que era un buen hombre en todo el sentido de la palabra, dispuesto siempre al trabajo y entrañablemente amoroso con su hija que, por desgracia, había nacido con graves problemas de audición. Su máxima preocupación siempre fue ella, el futuro que le deparara la vida y la necesidad de asegurarle que fuera bondadoso con la pequeña.

Pocas personas he conocido con tanta disposición para poner manos a la obra cuando se trataba de dar vida a un proyecto. A la hora, el día que fuera, estaba listo para entrar en acción. Si no había carpintero, la hacía de carpintero, lo mismo que de plomero, electricista, albañil, lo que fuera necesario para nunca parar el trabajo.

Murió joven, apenas rebasados los 55 años, y una cantidad enorme de sueños en el portafolio lleno de tierra que siempre lo acompañaba, y que dejaba atrás de un jeep anaranjado totalmente destartalado, pero del que se enorgullecía porque había logrado poner en circulación cuando todos le pintaban como destino ser vendido como fierro viejo.

Gustaba de la política, admiraba con sinceridad a Andrés Manuel López Obrador, pero en últimas fechas despreciaba a los que se habían apoderado del Partido del Sol Azteca y traicionado al Peje. Aspiraba a ser regidor por algún partido opositor, y en los pocos ratos que se daba para la plática, acusaba a la poca honestidad de los poderosos el destino ignominioso de una nación como México…"

Siento lo del arquitecto Coria, mi tocayo, que tuvo la suerte de tener amigos que escriben tan bien sobre él. Un beso a sus familares y amigos. Por mi parte, al conocido que me envió esta carta, decirle: "Las noticias sobre mi muerte han sido exageradas", frase que escribió Mark Twain en una carta al New York Journal, que había publicado erróneamente la necrológica del autor.

Pero todo esto empezó con mi intención, frustrada, por comentar la foto de mi tía. Pero me fui por las ramas de coincidencias, vampiros… Quizá sea eso, que ponemos la lupa en lo externo porque nos aterra ponerla en nosotros mismos.

En fin, un beso para mi tía Nena, que la recuerdo interesada por la lectura de la historia y que ahora las brumas de la memoria se embrollan un poco en su cabeza.

© JAVIER CORIA

NOTA: Por cierto, si quieren seguir las historias de otras fotografías antiguas –en la etiqueta fotografía- comentadas en este blog, les recomiendo la de los niños reconocidos por un familiar y que podrán leer en los comentarios en este enlace: LOS HERMANOS MONTEYS

2 comentarios:

  1. Que foto más bonita y que mujer más interesante, no sabias qe fue maestra? que lo dejo para cuidar a sus 6 hijos y a su marido, cosa habitual en las mujeres de la epoca. Aparte de su interes por la historia y las librerias de viejo, le gustaba la pintura, la arquitectura modernista y pasear por las calles del barri vell de Barcelona.

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