martes, 17 de junio de 2014

“CORTÁZAR EN CASA”


Por: Javier Coria

“Cortázar en casa” es una exposición sobre Julio Cortázar y su relación con la ciudad de Barcelona. A través de objetos personales como su máquina de escribir, postales (algunas inéditas), fotos, cartas, primeras ediciones de sus obras, documentos sonoros y libros artísticos, se muestra la biografía y geografía sentimental del escritor del que, en este año de 2014, se cumple el centenario de su nacimiento. La muestra estará hasta finales de octubre en la sede de la Casa Amèrica Catalunya, c/ Córcega, 299.

“Tengo recuerdos pero no son precisos, me atormentaban un poco cuando era niño… Se lo pregunté a mi madre: “Mira, hay momentos en que veo formas extrañas, colores, como baldosas, como mayólicas con colores. ¿Qué puede ser eso? Y mi madre me dijo: “Bueno, eso puede corresponder a que a ti, de niño, en Barcelona, te llevábamos casi todos los días a jugar con otros niños al Park Güell”. Así que, fíjate, mi inmensa admiración por Gaudí comienza quizá inconscientemente a los dos años. También me venía un recuerdo de una playa (…), una sensación amenazante de grandes olas que avanzaban, y mucho sol, y un olor a sal, un olor muy extraño, muy inquietante para mí. Evidentemente el niño ve las cosas de una manera más primitiva, sin ninguna conceptuación, eso no pasa por el intelecto, es una intuición pura (…), el niño miraba con una mirada mágica, que yo trato de conservar, pero no siempre tengo”.

Estas ráfagas de recuerdos se las relataba Julio Cortázar al periodista Joaquín Soler Serrano en el programa de grato recuerdo “A Fondo”. La familia de Cortázar pasó los primeros años de la Primera Guerra Mundial en Barcelona, en una de las postales de la exposición se puede ver a Cortázar, con apenas 4 años, junto a su hermana Lía. Luego volvería a la ciudad en múltiples ocasiones –los libreros de viejo aún lo recuerdan-, cuando la mirada mágica del niño era ya un recuerdo y su 1,93 m de altura le procuraban una atalaya privilegiada para observar el mundo. Podemos decir que la Casa Amèrica de Catalunya, con esta muestra, es una “casa tomada” por el concepto del collage que tanto le gustaba a Cortázar; técnica del collage que fue empleada por el escritor en varias de sus obras.


Además de su faceta de escritor, en la exposición podemos ver sus facetas de melómano, hombre comprometido en causas sociales, hombre lúdico y profesor, un profesor que, como él decía, nunca tuvo un título universitario. Entre los documentos sonoros está la primera clase que impartió en la Universidad de Berkeley en 1980, o una grabación donde el propio Cortázar lee fragmentos de Rayuela. También hay una curiosa pieza interactiva de arte sonoro que cuenta con los músicos latinoamericanos David Machado y Hegel Pedroza. El relato La vuelta al piano de Thelonius Monk sirve como hilo conductor, y además de fragmentos del cuento, podemos escuchar fragmentos de la obra del pianista y compositor estadounidense que da título al relato. Por cierto, en dicho cuento Cortázar deja constancia, una vez más, de su admiración por Julio Verne, al que consideraba su maestro, para extrañeza de no pocos críticos y alegría del que suscribe, seguidor del viejo escritor galo. En el texto Cortázar cita una obra de Verne, Héctor Servadac. Pero los paisajes sonoros de los ambientes noctámbulos del mundo del jazz, también unen a Cortázar con Barcelona, porque…



… Poca gente sabe que uno de los mayores lectores de Cortázar en Catalunya era un ciego, un ciego genial como el propio escritor. Se trataba del pianista de jazz Tete Montoliu, que invertía parte del dinero que ganaba en los conciertos en mandar traducir al braille las obras de Cortázar, y Borges, por cierto. Un día dedicó todo un concierto improvisado a Cortázar, otro amante del jazz. Cada pieza tenía en nombre de una obra del escritor. Al finalizar, Montoliu preguntó si alguien lo había grabado, la respuesta fue negativa, y las notas se perdieron, o no, en el limbo del espacio y la memoria, muy en el gusto del Cronopio. 

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