viernes, 2 de septiembre de 2011

PASEO POR EL JARDÍN DEL PARAÍSO


Paseo por el jardín del paraíso (The Walk to Paradise Garden) es el título de una de las fotografías más famosas y simbólicas de William Eugene Smith (1918-1978), el legendario reportero norteamericano que trabajó para la revista Life y la agencia Magnum.

La imagen representa a los hijos del fotógrafo saliendo de la oscuridad de la umbría de un bosque y dirigiéndose a un claro bañado por la fulgurante luz del sol. El título es el homenaje de un melómano, Smith, al músico británico Frederick Delius que tituló The Walk to the Paradise Garden un intermezzo de su ópera  A Village Romeo and Juliet. Claro que también hay en el título una clara referencia a Dante y, como veremos, la toma de este retrato fue un verdadero renacimiento personal de un hombre que salía de su particular infierno dantesco, infierno que estuvo presente en diferentes etapas de la vida de éste artista comprometido moral y sentimentalmente -de forma obsesiva- con su obra y los protagonistas e historias que retrataba.


La toma tiene fecha de 1947 y fue realizada por un hombre que sufría los estragos y dolores de un cuerpo destrozado por la metralla.

En febrero de 1945, Eugene Smith se unió a las tropas anfibias que desembarcaron en Iwo Jima durante la Segunda Guerra Mundial. En mayo, durante la decimotercera campaña de Okinawa, la revista Life le encargó documentar las 24 horas de un soldado raso de infantería llamado Terry Moore. El 22 de mayo, y siguiendo a éste soldado al frente de batalla, la metralla de una granada impactó en las manos y mandíbula del fotógrafo. Evacuado del frente fue recibido como un héroe en su patria, pero Smith no se sentía un héroe, es más, se sentía como un engranaje más de la propaganda y la maquinaria de guerra.

Como testigo de excepción del horror de una guerra, el reportero no sólo volvió herido en el cuerpo, sino también en el alma. Por ello no soportó el cinismo, el falso humanitarismo y las medias verdades que rodearon toda aquella etapa. Pero el antibelicismo del reportero no era ingenuo ni mucho menos estético o folclórico, sino que pretendía profundizar en los verdaderos intereses económicos, geoestratégicos y geopolíticos que nos convierten en meros peones de un gran ajedrez de muerte en el que manejan las piezas los poderosos. Esto se materializó en la lucha del fotógrafo por un periodismo gráfico moral, éticamente responsable y comprometido por la lucha por un mundo mejor y más justo, lo que le hizo enfrentarse a la dirección de todas las empresas periodísticas en las que trabajó.

Smith en el hospital de Guam, fotografiado por Carl Mydans

Pero retomando el hilo de nuestra historia, Smith pasó dos años sometiéndose a varias operaciones -32 operaciones sólo en la boca y la nariz- para recomponer su maltrecho cuerpo. La rehabilitación fue larga, le dijeron que ya no podría sostener una cámara en sus manos, y menos cargarla con un carrete fotográfico. Por ello la génesis de esta foto supuso, no la recuperación de un gran fotógrafo documental, sino el nacimiento de un artista comprometido hasta las últimas consecuencias, que le costarían la salud física y mental, con su obra. Pero dejaré que el propio protagonista lo cuente:

“Por fin, aquel día realizaría el esfuerzo de relanzar aquellos dos años de vacío. Aquel día, por vez primera desde que fui herido, pediría a la cámara que funcionase para mí, obligaría por fin a mi organismo a controlar el mecanismo de la máquina fotográfica y, al mismo tiempo, intentaría obligar a mi espíritu creativo a que retornase de su exilio.

Sentía una presión que me exigía que aquella primera toma resultase lograda – “Dios quiera que tenga fuerzas suficientes para introducir el carrete en la cámara”-. Me encontraba decidido a conseguir que aquella fotografía presentase algo más que una buena realización técnica.

Quería que el tema fuese un delicado momento de expresiva pureza que contrastase con la horrenda barbarie a la que me había enfrentado en mis fotografías de guerra, las últimas que había tomado.”

No puede haber una imagen más adecuada para expresar la catarsis de Smith. Dos niños saliendo de la oscuridad del útero materno para dirigirse a la luz del mundo, una especie de Adán y Eva antes del pecado caminando hacia el Paraíso.



La revista Life rechazó la imagen porque los niños aparecían de espaldas a la cámara, por lo tanto al lector, y no la publicó. Smith halló la fórmula de situarse en lugar del sujeto y no del lector. Con este punto de vista subjetivo también cambió los conceptos de futuros reportajes de la prensa ilustrada. Para desgracia de los directivos de la prestigiosa revista, la imagen se convirtió en un icono universal. Sobre todo cuando fue popularizada, y en cierta forma banalizada, en una campaña publicitaria de la compañía de choches Fort. Los soldados la colgaban de sus taquillas junto a las pin-ups de turno, en las escuelas colgaba junto al retrato del presidente e incluso se utilizó como imagen en recordatorios fúnebres y lápidas. Fue la foto que clausuraba la histórica exposición The Family of Man (La Familia del Hombre, MOMA de Nueva York, 1955) cuyo comisario fue el maestro de fotógrafos Edward Steichen. También fue la imagen que cerraba el libro-catálogo de la exposición y cuyo pie de foto recogía una estrofa de un poema de Saint-John Perse (seudónimo de Alexis Saint-Léger Léger) que rezaba. “A World to be born under your footsteps…” (Un mundo para hacer debajo de tus pasos).

Exposición The Family of Man en el MOMA de Nueva York, 1955

¿Pero por qué tanta gente de distinta condición y nacionalidad se identificó con ésta fotografía? Sin entrar en análisis sociopolíticos de una época de guerras y entre guerras que exceden el objetivo y extensión de esta pieza, en esa imagen nos reconocemos todos, somos todos nosotros. Nuestros padres, nuestros hijos, los hijos de nuestros hijos, nosotros mismos. De alguna forma, el verdadero arte siempre habla del NOSOTROS.

Esta foto fue el comienzo de un nuevo Eugene Smith, ya no sería un simple testigo de la historia, un narrador con imágenes, sino un comentarista interpretativo de la realidad, de alguna forma buscaba fundirse con su obra y las escenas dramáticas que se desarrollaban enfrente de la lente fotográfica. Sus “ensayos fotográficos” no sólo expresaban lo que la gente hacía, sino lo que eran. Buscaban una “verdad” que muchas veces iba más allá de lo aparentemente visible. Como toda obra artística, porque así hay calificar los ensayos de Smith, tienen múltiples lecturas y, como él decía, no hay mayor mentira que la superficialidad.

Portada de Life dedicada a Albert Schweitzer

Un ejemplo de los retos y contradicciones a los que se enfrentaba el fotógrafo y la complejidad de la lectura de sus imágenes, se resumen en el siguiente episodio. En 1954 la revista Life le encargó un reportaje sobre el Albert Schweitzer, el médico, misionero y teólogo alemán (nació en Alsacia en 1875, que hoy pertenece al departamento del Alto Rin, Francia) que trabajaba con leprosos en el hospital que él mismo fundó en Lambaréné (Gabón, África) y que obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 1952. La revista quería presentarlo como un gran héroe, como el “hombre más bueno del mundo”.

El método de trabajo que Smith, y que legó a generaciones de fotógrafos que vinieron después de él, era el pasar largas temporadas conviviendo con los personajes de sus reportajes, incluso haciendo fotografías sin carrete para ganarse su confianza y, de alguna forma, llegar a pasar desapercibido. En esta convivencia Smith, como gran amante de la música clásica y el jazz que era, tuvo largas conversaciones con Schweitzer, ya que éste fue un gran musicólogo y uno de los mejores intérpretes de las obras de Bach para órgano. También descubrió que la habitación del doctor estaba presidida por una gran reproducción, junto al crucifijo, de la foto que comento en este escrito. Pero junto a la imagen real y legendaria del héroe humanitario, según cuenta Smith, se escondía una imagen privada de un hombre autoritario con tintes racistas que sometía a sus colaboradores física y mentalmente. En su particular “Corte de los milagros”, Schweitzer reinaba con mano de hierro, y de esta forma quería retratarlo Smith, retratar al hombre y su legenda. Claro que no podía hacerlo abiertamente, la revista nunca hubiera publicado un reportaje así, por ello el fotógrafo recurrió al simbolismo y al fotomontaje, sin que lo advirtieran sus jefes, para reflejar una “verdad más elevada”, como escribió Jim Hughes, biógrafo de Smith, a propósito de otro trabajo que próximamente comentaré.


La foto central del ensayo la positivó Smith en su propio laboratorio casero, y para ello utilizó dos negativos diferentes. Uno era el del fondo, oscuro como las facetas escondidas del filántropo, que nos enseña a un operario negro encaramado en una especie de andamio, y otro cliché se utilizó para la imagen del doctor en primer plano. Ahí vemos a Schweitzer resplandeciente como “el gran padre blanco”, cuyo salacot se asemeja al nimbo que rodea la cabeza de los santos. Los maderos cruzados y las herramientas de carpintería completan una iconografía de tradición cristiana fácimente reconocible con una atenta lectura de la imagen. No en vano, y en mi modesta opinión, el paternalismo, ya sea cristiano o laico (como el de algunas ONG de nuestros días), es el racismo más escandaloso que existe.


Años antes Smith había realizado un reportaje de una heroína civil, un claro ejemplo, esta vez sin claroscuros, de entrega y sacrificio. Quizá esta experiencia le hizo, por comparación, ser más crítico con el comportamiento de Schweitzer. Se trataba de la vida de una enfermera y comadrona (Nurse Midwife, 1951). El fotógrafo llegó a realizar un cursillo de partero como preparación previa y, una vez más, su trabajo rompió fronteras y estereotipos. Fue la primera vez que una mujer negra, Maude Callen, protagonizaba el reportaje estrella de la revista Life.


El reportaje, para sorpresa de los directivos de la revista, fue un éxito. Habían permitido, a regañadientes, realizar el ensayo sobre la comadrona como premio a la gran repercusión del trabajo que Smith hizo en España y que se acababa de publicar. Hay que entender que en una época en que la televisión estaba en pañales, las revistas gráficas eran como la CNN de la época, la única forma de asomarse al mundo para muchas personas. Pero la metodología de trabajo del reportero, dedicando varias semanas o meses –incluso años- a cada tema, no era rentable. Tampoco ayudaba que el fotógrafo quisiera controlar todo el proceso de publicación de sus trabajos, según Smith, maltratados por en unas maquetaciones –composiciones- mal realizadas. En un memorándum interno de Life escribieron: “Tan pronto como le quitemos el idealismo a Smith, obtendremos más rendimiento suyo como fotógrafo”.


intermezzo de la ópera  A Village Romeo and Juliet de Frederick Delius

Como verán, Eugene Smith marcó mucho una determinada época de mi vida, por ello les “amenazo” con, por lo menos, dos entregas más sobre este personaje. Una en la que tuve la osadía de seguir sus pasos por tierras de España y otra en la que, enclaustrado durante 10 años en una buhardilla de Manhattan, Smith se aisló con la única compañía de sus cámaras y carretes. Antes de un nuevo y combativo renacimiento, el alcohol, las anfetaminas y la banda sonora de los músicos de jazz que fotografiaba, formaron parte de la cotidianeidad de una de las etapas más creativas y oscuras de éste artista sin par.

© JAVIER CORIA

Bibliografía:

-Shadow & Substance. The Life and Work of American Photographer. Jim Hughes. McGraw-Hill Publishing Company, Nueva York 1989

-Diálogo con la fotografía. Paul Hill y Thomas Cooper. Ed. Gustavo Gili, Barcelona 1980

-Eugene Smith. Colección “Los grandes fotógrafos”, nº 5. Ed. Orbis, Barcelona 1990

-Historia de la fotografía. Desde sus orígenes hasta nuestros días. Beamont Newhall. Ed. Gustavo Gili, Barcelona 1983

-Historia de la fotografía. Marie-Loup Sougez. Ed. Cátedra, Madrid 1994

-Revista Foto Profesional. Suplemento para suscriptores, nº 102, junio 1991, Madrid (pp. 123-132).

-Fotografía Americana 1890-1965. The Museum of Modern Art, New York. Catálago exposición del IVAN, Valencia 1996

6 comentarios:

  1. Muy bueno este trabajo, bienvenido, Javier.

    ResponderEliminar
  2. Soberbia entrada. Da gusto esta vuelta a la rutina.
    Besos.

    ResponderEliminar
  3. Interesantísimo y muy bien escrito, no conocía a este fotógrafo.

    ResponderEliminar
  4. Hermoso texto (destila pasión), espero con impaciencia las dos próximas entregas. ¿Qué diría Smith del actual periodismo gráfico?

    ResponderEliminar
  5. Quiero más historias como esta, me encanta como las cuentas.

    ResponderEliminar