miércoles, 21 de septiembre de 2011

LA LITERATURA Y EL MAL


"La generación a la que pertenezco es tumultuosa.

Nació a la vida literaria en los tumultos del surrealismo. En los años que siguieron a la primera guerra mundial existió un sentimiento desbordante. La literatura se ahogaba en sus límites. Parecía que contenía en sí una revolución.

Estos estudios, cuya coherencia se me impone, los compuso un hombre de edad madura.

Pero su sentido profundo se vincula con el tumulto de su juventud y son en realidad su eco ensordecido.

Para mí, resulta significativo que se publicaran en parte (por lo menos en su primera versión) en Critique, esa revista que logró crédito gracias a su seriedad.

Pero debo advertir aquí que si en algunos casos he tenido que volver a escribirlos, se ha debido a que, al persistir los tumultos en mi espíritu, al principio sólo había podido dar a mis ideas una expresión confusa. El tumulto es fundamental; es el sentido de este libro. Pero es tiempo ya de alcanzar la claridad de la consciencia.

Es tiempo… A veces incluso puede parecer que el tiempo falta. Por lo menos el tiempo apremia.


Estos estudios responden al esfuerzo que he venido realizando para desentrañar el sentido de la literatura… La literatura es lo esencial o no es nada. El Mal –una forma aguda del Mal- que la literatura expresa, posee para nosotros, por lo menos así lo pienso yo, un valor soberano. Pero esta concepción no supone la ausencia de moral, sino que en realidad exige una “hipermoral”.

La literatura es comunicación. La comunicación supone lealtad: la moral rigurosa se da en esta perspectiva a partir de complicidades en el conocimiento del Mal que fundamentan la comunicación intensa.

La literatura no es inocente y, como culpable, tenía que acabar al final por confesarlo. Solamente la acción tiene lo derechos. La literatura, he intentado demostrarlo lentamente, es la infancia por fin recuperada. ¿Pero qué verdad tendría una infancia que gobernara? Ante la necesidad de la acción se impone la honestidad de Kafka que no se atribuía ningún derecho. Sea cual sea la enseñanza que se desprende de los libros de Genet, la defensa que Sartre hace de él no es admisible. Al final, la literatura tenía que declararse culpable."

Georges Bataille
(Del prefacio de La literatura y el mal, Taurus Ediciones. Madrid, 1971)


P.D. 1: Una de esas sincronías extrañas y no buscadas me lleva a publicar esta nota después de la pieza anterior del “Rey sin cabeza”. Cuando lo hago me acuerdo de uno de los episodios más raros y ocultos de un autor de por sí raro y oculto como Bataille. Resulta que el pensador francés, en una evidente alucinada, fundó una sociedad secreta llamada Acéphale (sin cabeza). La sociedad tenía como símbolo a un hombre decapitado y pretendían fundar una nueva religión, lo extraño es el ritual que Bataille y sus correligionarios pretendieron realizar para dar seña de identidad a ese nuevo credo. Atraídos morbosa y enfermizamente por los sacrificios humanos querían realizar uno como forma de inaugurar su sociedad. No se lo creerán, pero no fueron pocos los voluntarios para dejarse matar en esta absurda inmolación. Nunca se llevó a cabo porque, aunque había víctimas voluntarias, no encontraron victimarios, no encontraron asesino para llevar a cambo tamaña aberración.
© JAVIER CORIA

P.D. 2: En un blog de una librería de la que pronto hablaré aquí,  hacen referencia a este interesante libro de Bataille.



Bataille, Georges. La literatura como lujo. Madrid, 1993. Editorial Versal

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