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viernes, 30 de noviembre de 2018

“PEPE CARVALHO Y YO: ¿QUIÉN ES EL ASESINO?”


Manuel Vázquez Montalbán tenía una relación de amor/odio con su personaje, nada novedoso, porque lo mismo les pasó a muchos autores. Ahí tenemos el caso de Arthur Conan Doyle, que siempre se quejó de que Sherlock Holmes impedía que se conocieran sus novelas históricas, las que él más apreciaba. Como todo autor exigente, el escritor barcelonés estaba convencido de no haber escrito lo que quería escribir, esa gran obra que todo escritor persigue: “porque no estaba preparado o no me llegó a la ocasión”, declaró en el programa pregrabado “Epílogo” del Canal Plus, emitido en octubre de 2003, tras su fallecimiento. Volviendo a su hijo literario, el título que encabeza este escrito es el que escogió Manuel Vázquez Montalbán para uno de los escasos artículos dedicados a Pepe Carvalho (El País, Babélia, 22-02-1997), y que nos viene al pelo para este trabajo. En él dice el escritor sobre su personaje: “Yo, es decir, Pepe Carvalho, jamás ha entregado un criminal a la policía o a la justicia. No pertenece a la deontología de un detective privado el sancionar con el aparato represivo por delante, pero es que además, puesto que estamos hablando de literatura, todo escritor sabe que el verdadero asesino de su novela es él mismo. El escritor es la chica del bar y el amante de la chica del bar, el gánster y el policía, el homosexual y el fascista, el marxista y el heterosexual, la víctima y el asesino. He tratado de convertir esta evidencia en la “alezeia” fundamental de mi hasta ahora última novela de Pepe Carvalho, “El premio”. Con la referencia mítica de “ourobros”, la serpiente que se muerde la cola, el asesino de mi novela es el escritor. Es decir, yo. Y si no soy detenido en las horas que siguen a esta revelación es que ya no puedes fiarte ni de la literatura”.

Foto: Javier Coria ©

No es la primera vez que se escribe una biografía de un personaje de ficción, ahí tenemos The life and of Miss Jane Marple, de Anne Hart, autora que también escribió otra biografía de otro personaje de Aghata Christie, Hércules Poirot; o la magnífica Las memorias de Maigret, que escribió Georges Simenon y donde el personaje interpela a su creador. Pero sí Manuel Blanco Chivite con este libro hizo la primera semblanza dedicada a un detective de ficción español; del personaje más icónico, sagaz y culto del policial español, cuyas aventuras hicieron a Manuel Vázquez Montalbán el décimo autor español más traducido en el mundo.

En rigor, ésta biografía se publicó antes formando parte de la primera biografía de Manuel Vázquez Montalbán, que Manuel Blanco Chivite escribió por encargo para la editorial Grupo Libro 88, en 1992. Aumentada y actualizada, la biografía de Pepe Carvalho se publicó ya como texto independiente en la editorial VOSA, el personaje exigía su propio espacio, era el mes abril de 1997.

Tatuaje, de 1974, los carvhalianos la consideran la como la primera novela de la serie. Aunque Pepe Carvalho nació en una mala novela paródica sin pretensión de continuidad y escrita en quince días, Yo maté a Kennedy (1972): “…es un héroe subnormal a la sombra de mi ensayo Manifiesto subnormal”, escribió Manuel Vázquez Montalbán. La serie finalizó con las novelas póstumas, en dos tomos, Milenio Pepe Carvalho (2004).

Foto: Javier Coria © 

Por cierto, y perdonen la digresión, Tatuaje la publicó el gran y hoy desaparecido, Josep Batlló i Samón, poeta, editor y librero de la mítica librería del barrio de Gràcia, Taifa Llibres. Batlló tuvo mucho que ver con el nacimiento de la serie Pepe Carvalho, hecho ocurrido en algún antro de perdición de la Barcelona canalla. Así lo cuenta Manuel Vázquez Montalbán: “En una etílica noche de 1973, Pepe Batlló y Frederic Pagés me tomaron la beoda palabra: la novela española entronizada era una ilegible mierda jaleada por los preciosos ridículos de una crítica con complejo de cosedores del himen de la doncella literaria por el realismo social, los personajes tardaban 30 páginas en subir una escalera y era preciso recuperar la inocencia narrativa de las novelas de guardias y serenos”.

Manuel Blanco Chivite, con mucha gracia e ironía, se acerca al personaje como si se tratara de la biografía de una persona real, y deja a Manuel Vázquez Montalbán como un mero cronista, culpable de las lagunas e incongruencias de la vida relatada, que lo es, “culpable”, digo. Le recrimina que firme como suyas las pocas historias donde Pepe Carvalho toma la palabra y habla a los lectores en primera persona… Incluso “acusa” al copista de sus injerencias en las primeras historias para, con un exceso de verbosidad y pedantería retórica, nos suelte unos pedagógicos discursos que Manuel Blanco Chivite describe así: “…todos ellos sin duda de gran y exquisita formación cultural, dan un toque pelma a algunas páginas de estas primeras y por lo demás meritorias y entretenidas crónicas carvalhianas”. Tengo una amiga que me confesó que lo que más agradeció de la conquista de la democracia era no tener que aguantar más peroratas en las reuniones interminables de los camaradas. La reminiscencia de la militancia del autor en el PSUC, con toda su liturgia laica, se destila en esta verbosidad discursiva.

Mi apego a Pepe Carvalho, tengo que confesarlo, es más sentimental que literario; apego a su Barcelona y sus vivencias, que eran las de su autor y de buena parte de una generación, que hicieron el monumento de dignidad ética que supuso el antifranquismo, los que sufrieron el tardofranquismo o vivieron la Transición y la postransición, proceso con más sombras que luces; con complicidades y renuncias que hoy se han plasmado en la impunidad y la desmemoria hacía las víctimas del franquismo. Sobre Manuel Vázquez Montalbán y su obra coincido con Manuel Blanco Chivite cuando dice: “… un hombre con el que, por un encargo editorial, llegué a cruzarme en mi camino y a quien, sin llegar a conocerlo a fondo ni pretenderlo, aprecié como persona, aprecié como luchador y de quien leí casi todos sus libros y gusté de algunos de ellos. Supongo que no es mucho, pero ¿cuánto hace falta y para qué?

Foto: Javier Coria © 

Para la multitud de seguidores de la serie, que son legión, no sólo en España, sino en Francia, Italia, etc., la etapa más interesante de las crónicas carvalhianas son las de la década de los ochenta. En la época de la Barcelona Olímpica, la de 1992, las tramas se vuelven maquinalmente repetitivas y desarrolladas con cierta apatía, si se me permite la osadía de interpretar a su autor. ¿Hasta qué punto tuvo que ver en esto las presiones contractuales de las editoriales y la necesidad de seguir llenando los anaqueles de las librerías…? Parece lo más probable.

Que la realidad literaria de Pepe Carvalho es en gran parte la vida real de Manuel Vázquez Montalbán es un hecho. Para algunos, entre los que me encuentro, las novelas deben construirse con personajes independientes, individuales, con una lógica interna que nada tenga que ver con la del autor, claro que todos los personajes tienen algo del escritor, pero a lo largo de la serie, Pepe Carvalho fue tomando las riendas de su vida, creando su biografía y un pasado. Biografía con sus contradicciones y lagunas que se recogen en este trabajo de Manuel Blanco Chivite. El personaje fue ganado en matices y sería erróneo, como se hizo en algunas series televisivas y películas, pintar un Carvalho como una mera caricatura de su padre literario. Esto no es óbice para ver en Pepe Carvalho un trasunto de Manuel Vázquez Montalbán (“El escritor es la chica del bar y el amante de la chica del bar, el gánster y el policía, el homosexual y el fascista, el marxista y el heterosexual, la víctima y el asesino…); con sus opiniones íntimas y filosóficas, y esto lo hacía genialmente el novelista catalán; cuyas historias estén pegadas a la realidad política y a la experiencia social y vital del novelista. Tras las peripecias detectivescas se deja testimonio de una época y de unos personajes anónimos y reales que, de no ser así, ninguno recordaría. En las postrimerías de su vida, Vázquez Montalbán dijo sobre su serie: “Abrió la puerta para que la novela policiaca dejara de ser policiaca”, refiriéndose al respeto mimético a las claves del género. Para el escritor, las novelas que rompían estas claves, estos límites, eran mejores novelas en potencia. Él siempre citaba al escritor Leonardo Sciascia, en cuyas novelas, la Mafia, la corrupción del Estado y del poder económico, están presentes. Ahora bien, en mi opinión, la afirmación de Manuel Vázquez Montalbán sólo se entiende si desconocía el trabajo de muchos autores policiacos que llevaban decenios haciendo eso, mezclando géneros y rompiendo con las reglas establecidas del policial clásico.

¿Qué haría Pepe Carvalho en la España y Catalunya de hoy? Con los achaques de la edad y la sempiterna melancolía que lo acompañaba, estaría retirado en su palacio de invierno de Vallvidrera, dedicado a escribir sus memorias, esta vez sin intermediarios. Por la situación política, la corrupción, la criminalidad, las mafias de todo tipo, trabajo no le faltaría. Un Pepe Carvalho del siglo XXI tendría que manejarse con las nuevas tecnologías, claro, los teléfonos móviles y las redes sociales pasarían a tener presencia en las historias…Pero ¿ven al viejo Pepe Carvalho metido en estos berenjenales?

LA GEOGRAFÍA SENTIMENTAL DE PEPE CARVALHO

Que la ciudad de Barcelona es uno de los protagonistas, tanto en la serie Carvalho como en otros libros del autor que nos ocupa, es un hecho. Como lo es realidad sociopolítica de España y Catalunya de aquellos años en el contexto del personaje y las tramas novelísticas, ya que uno y otras son un producto de esa realidad. La Barcelona de Manuel Vázquez Montalbán es ambivalente, y tras una primera lectura de la serie Carvalho, no es una visión maniquea. A través de la voz literaria de su personaje Carvalho, la nostalgia por una ciudad en que la especulación y la piqueta municipal están cambiando el rostro y uniformizándola con otras urbes europeas, queda claro,  pero ello no es óbice para que celebre la modernidad y la desaparición de la tristeza gris de la Barcelona de la dictadura franquista y el estraperlo. Como todas las ciudades, no existe una, sino varias barcelonas, la proletaria, la culturalmente vanguardista, la burguesa, la comercial, la de la pobreza y la marginación, la de los turistas, los inmigrantes o refugiados, la que protesta y la que acepta, la que manda y la que se rebela.

En la serie carvalhiana hay mucho de lo que atrajo a escritores franceses. La ciudad del hampa que describe Jean Genet -que ejerció de carterista y chapero en el barrio Chino- en su novela autobiográfica Diario de un ladrón. En la novela Al margen, de André Pieyre de Mandiargues, cuya Barcelona prostibularia podría tener su versión iconográfica en las fotografías de Joan Colom, que muy a su pesar y sin entrar en detalles, ilustró el libro de Camilo José Cela Izas, Rabizas y Calipoterras. O que retrata Georges Bataille en El azul del cielo, que pese a su título luminoso, muestra la topografía más obscura de Londres, París y Barcelona.

Foto: Montserrat Romans (EPD)  ©

El Raval de hoy, el antiguo barrio Chino, atrae a turistas y residentes extranjeros jóvenes porque es un barrio multicultural con presencia étnica de todo el mundo. La vieja vida nocturna de la Barcelona sesentera y ochentera, con su bar Marsella, el Pastís, para los amantes de la absenta y la música de Édith Piaf, la sala de fiestas La Paloma, etc., han desaparecido y otros están a punto de cerrar. Si la época de los extraños y oscuros negocios que se anunciaban con el cartel: “Gomas y lavajes” han desaparecido, siguen los prostíbulos de los bajos fondos, que en la Barcelona de los barrios altos eran los burdeles llamados popularmente casa de barrets (por los sombreros –barrets- que dejaban los caballeros a la entrada).

Claro que el Raval también es caldo de cultivo para la gentrificación (perdonen el neologismo) de los pisos turísticos. Luego están los llamados “narcopisos”, que son una muestra de una de las mayores lacras que tuvo el Distrito 5ª de antaño, el tráfico de heroína, cocaína y ahora las drogas de diseño como el éxtasis. Si nos ponemos conspirativos, quizás esta sea otra forma organizada para degradar un espacio y expulsar a los vecinos dejando el campo libre a la especulación inmobiliaria y la rapiña de los fondos buitre.

Foto: Javier Coria ©
LAS FOTOS

Las fotos que forman parte de este trabajo, son imágenes cotidianas y callejeras de diferentes épocas del Raval y otras calles de “Ciutat Vella”. Hay algunas que tratan de reflejar la mezcla étnica del Raval de hoy, y sobre todo, algunos lugares de la geografía sentimental de Pepe Carvalho.

Entre ellos está donde todo empezó, la calle donde nació el autor y el detective de ficción, la calle Botella (el Raval), que en la actualidad luce una placa para mayor gloria de Manuel Vázquez Montalbán. Los primeros juegos infantiles del detective y su padre literario tenían como territorio la plaza Padró, cerca está la calle de la Cera, donde está el mítico restaurante Can Lluís, y donde algunos estudiosos sitúan el punto geográfico del nacimiento de la Rumba Catalana, no en vano en esta calle nació Peret; aunque el otro punto que se disputa el honor de ser cuna de esta popular música es el carrer Fraternitat, en el barrio de Gràcia, donde nació Antonio González, el “Pescaílla”, a la sazón marido de Lola Flores.

Luego, ya de adulto, Carvalho fue parroquiano de la mítica coctelería Boadas de la calle Tallers, los restaurantes: Los Caracoles, La Odisea y Nostromo, estos dos últimos capitaneados por antiguos marinos. Entre la Plaza Real, uno de los lugares que más visita Carvalho era el mercado de la Boqueria, donde compraba las viandas que luego cocinaba Biscute, un antiguo quinqui que conoció en la cárcel y que más que ayudante, era amigo. Y, entre puesto y puesto del mercado, el detective se echaba entre pecho y espalda  en la barra del Pinocho, unas “secas” con butifarra, un bacalao con sanfaina o una tortilla de setas compradas en el bon vivant, Petras Fruits del Bosc.

Foto: Javier Coria ©

En la llamada Rambla dels Caputxines, haciendo esquina con carrer dels Escudellers, tiene el despacho el detective, despacho que antiguamente fue la casa de putas de Madame Petula, y estaba cerca del frontón Colón. Todo este territorio era el de Carvalho, pero para dormir, para ver la metrópolis desde lejos, tenía su casa en una montaña, en Vallvidrera. Allí se instala con Charo, en un chalé (por aquí los llamamos “torres”) que recuerda mucho al del amigo de Manuel Vázquez Montalbán, el fotógrafo Xavier Miserachs, que con maestría retrató los paisajes de Ciutat Vella y la vida barcelonesa de las décadas de los cincuenta y sesenta.

El restaurante que más visitaban, el autor y su personaje, era Casa Leopoldo –en la calle San Rafael-, en cuyas mesas se codeaban escritores, periodistas, bohemios y artistas de todo pelaje. Y los toreros de la época, ya que la dueña era Rosa Gil, hija del torero “El Exquisito”, Germán Gil, y esposa del torero portugués José Falcón, que la dejó viuda a penas a ocho meses del matrimonio, ya que fue cogido de muerte por el toro “El Cuchareto”, el 11 de agosto de 1974, en la actualmente clausurada plaza Monumental de Toros de Barcelona. Luego la crisis y la subida de los alquileres precipitaron el cierre del local, que con nuevos dueños abrió sus puertas en 2017.

Una imagen curiosa de esta serie es el retrato del que suscribe haciendo fotos en las Ramblas, en la época en que Pepe Carvalho se movía por la ciudad. La imagen es de Montserrat Romans (EPD).

Portada: diseño de P. Yepes sobre foto de Javier Coria

En fin, les dejo con un texto sabiamente condensado, lúcido e inteligente, y puesto al día con la bibliografía última y las novelas póstumas de la serie que, como es lógico, no aparecían en la primera edición de este libro. Pepe Carvalho, parafraseando al padre de la criatura, muy bien puede calificarse como: “Excomunista, hedonista y sentimental”.

Javier Coria (Palafolls, Barcelona, verano de 2018).


Prólogo a la edición de: “Carvalho”. Biografía de un detective de ficción”, de Manuel Blanco Chivite y Javier Coria. Segunda edición, primera en El Garaje Ediciones S. L., Madrid: septiembre 2018 (ISBN: 978-84-947949-8-8). 

2 comentarios:

  1. Vázquez Montalbán, como novelista, es malo de acostar. Sin la bula y la venia de la izquierda caviar se habría quedado en el limbo de los juntaletras.

    Pero este prólogo está muy bien, incluso para los que no damos árnica a Pepe Carvalho, y echamos de menos la guillotina para la mafia literaria que aupó por motivos mercenarios a los grafómanos de la "gauche divine" y la "izquierda caviar", tan faltos de talento, de mérito y de fuste.

    ¡Pobre porfiado saca mendrugo!

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    1. Siempre tan acertado y lúcido tu comentario, Gatopardo. Yo lo digo en este prólogo, que mi apego al personaje es más sentimental que literario. El texto de Chivite no es nada panegírico, él, como yo en una ocasión (Chivite lo vio más veces para hacer la primera biografía que se editó de Manuel Blanco Chivite, fue un encargo), le dijimos a Manolo Montalbán que tenía novelas infumables y que no terminamos de leer, él nos miraba con una ligera sonrisa, y con el ademán digno de la socarronería de sus orígenes familiares gallegos, nos decía que de la serie Carvalho tenía un contrato que le obligaba a entregar un título al año, tuviera ganas o no, tuviera ideas o no. Chivite lo que resalta es que, tal como está el mundo editorial, no se puede negar que Pepe Carvhalo fue el que puso en el mapa el policila español en el mundo, desde que la señora, salvando las distancias, Emilia (Pardo Bazán) inauguró el género en España. Y un policial tipo crónica, yo leí con cierto interés “Tatuaje”, “Los pájaros de Bangkok” y “Quinteto de Buenos Aires”, para mí lo mejor de la serie. También es de destacar que el Personaje de Carvalho tiene una biografía vital acorde con biología. Creo que Maigret empieza con 40 años y tiene la misma edad en toda la serie, Sherlock Holmes lo mismo, no envejecen. Carvalho se va haciendo viejo, tiene achaque y miedo a la muerte, se preguntaría, si fuera un personaje real, quién le limpiaría el culo… Después, nuca entregó a un delincuente a la policía. Ahora, que el policial español está lleno de apología a “Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado” (no de la sociedad, sino del Estado) y los héroes son guardias civiles, y en los encuentros de novela negra las estrellas no son los literatos, sino los ponentes como comisarios, forenses, miembros de la policía científica… se agradece el investigador aficionado o profesional, pero no funcionario, salvando el caso del gran Maigret, que cito de memoria, en una novela cuando alguien le interpela sobre que la policía tiene que guardar al ciudadano, éste le dice que eso es lo último, primero está, el Estado, la moneda, la propiedad privada, etc.

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