viernes, 16 de diciembre de 2011

QUISICOSAS DE LA HISTORIA (I)


POR LO DEMÁS, OPINO QUE…

El político y primer escritor en prosa de una historia de Roma –titulada Orígenes-, Marco Porcio Catón (234-149 a. C.) fue conocido como Catón “El Censor” o Catón “El Viejo”. Pues bien, era tal su aversión hacia la rica y lujosa ciudad de Cartago que, considerándola una amenaza para Roma, terminaba todos sus discursos con la misma frase: "Ceterum censeo Carthaginem ese delendam" o lo que es lo mismo: “Por lo demás, opino que Cartago debe ser destruida”. Daba igual de lo que estuviera hablando, que la citada frase siempre rubricaba sus parlamentos. En el año en que Catón pasó a criar malvas, precisamente comenzó la Tercera Guerra Púnica. Tres años después, Roma destruyó Cartago. Por lo demás, opino que Catón después de muerto se salió con la suya.

José Solis, llamado: "la sonrisa del régimen", franquista, se entiende

DE CABRA A…

Un verdadero paladín de la defensa de la ignorancia, y a las pruebas me remito, fue el ministro franquista José Solís Ruíz, Secretario General de aquello de infausto recuerdo llamado “Movimiento”. Solís era natural de la ciudad cordobesa de Cabra, la Egabro que llamaron los godos. De este individuo era la consigna: “Más gimnasia y menos latín”. Pero un día el ministro se encontró con el profesor de la Universidad Complutense de Madrid, Adolfo Muñoz Alonso, a la sazón Procurador en Cortes Generales, por obra y gracia de ser un “camisa vieja” de la Falange. El profesor, digo, se encontró con el que fue llamado “La sonrisa del régimen” y le espetó: “Por de pronto, señor ministro, el latín sirve para que a su señoría, que ha nacido en Cabra, le llamen egabrense y no otra cosa”.

Ejemplar de Lecciones de cosas

ORIGEN HISTÓRICO DEL “RINCÓN DEL VAGO”

Conocido es el sitio de Internet que lleva el nombre que da título a esta nota. Una profesora aseguraba que el 99 % de sus alumnos le presentaban trabajos copiados de esa web, y que lejos de ser una herramienta para no perder el tiempo en cosas “ya hechas”, como aseguraban sus creadores, en realidad era una herramienta para que sus alumnos ganaran tiempo, sí, pero para perderlo luego en todo menos en el estudio, la investigación propia y la reflexión. ¡Qué razón tiene!... Esto hace que muchos bachilleres consigan sus títulos creyendo que Karl Marx fue uno de los hermanos cómicos (caso real), cuya aportación a la economía política fue su famoso monólogo sobre el contrato: “…la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte…”. En fin, lo que quería contarles es que, en el siglo XVIII, fueron populares unos libros técnicos que estaban redactados a modo de apuntes y eran conocidos popularmente como “remediavagos”. Claro que una cosa es un tratado que resume una materia para hacer fácil su estudio, y otro es el “corta y pega” tan común en el primer ejemplo. El vocablo “remediavagos” está recogido en el Diccionario de la Real Academia. Curioso nombre, sí señor, como curioso es el nombre de ciertas publicaciones que podemos decir que fueron los antecedentes de las modernas enciclopedias, se trata de los folletones “Lecciones de Cosas”, un compendio sintetizado y básico sobre diversas materias del saber que se publicaban también en el siglo XVIII. Por cierto, y en relación al viejo y mal encarado Catón, se dice que fue él quien redactó la primera enciclopedia, unas notas destinadas a la educación de sus hijos. Me imagino como terminaba dichos escritos...
© JAVIER CORIA

1 comentario:

  1. Me encantan estas historias, más de un "egabrense" conozco, por cierto.

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