martes, 1 de mayo de 2018

“La respuesta” (relato de Fredric Brown)





Por: Fredric Brown.

Dwar Ev soldó solemnemente la última conexión. Con oro.
Los objetivos de una docena de cámaras de televisión lo estaban observando, y el sub-éter se encargó de llevar por todo el Universo una docena de imágenes diferentes del acontecimiento.

Se concentró, hizo un gesto con la cabeza a Dwar Reyn, y éste se colocó enseguida junto al botón que establecería el contacto. El conmutador pondría en relación, con un solo clic, todos los ordenadores de todos los planetas habitados del Universo (96 billones de planetas), en un gran circuito que los transformaría en un gigantesco superordenador, un monumental monstruo cibernético que reuniría el saber de todas las galaxias. Dwar Reyn habló unos instantes a los trillones de seres que lo observaban y lo escuchaban. Y, tras un breve silencio, anunció:

—Y ahora con ustedes, el doctor Dwar Ev.

Dwar Ev giró el conmutador. Se oyó un potente ronroneo, el de las ondas que salían hacia 96 billones de planetas. Se encendieron y apagaron las luces en los dos kilómetros que componían el tablero de control.

Dwar Ev dio un paso hacia atrás, respirando profundamente.

—Es a usted que corresponde hacer la primera pregunta, señor Reyn.

—Gracias —dijo Dwar Reyn—, haré una pregunta que nunca pudo ser contestada por las máquinas cibernéticas sencillas.

Se volvió hacia el “Gran Ordenador”:

—¿Existe un Dios?

Un silencio expectante recorrió la sala y todos los ojos se clavaron en la supercumputadora.

La voz poderosa, grave, contestó sin titubeos, sin el menor temblor.

—Sí, ahora existe un Dios.

En ese momento un rayo cae del cielo impactando en el ordenador y del cortocircuito resultante se inutilizó para siempre… ¡el interruptor de apagado!

(Publicado en Angels and Spaceship, ed. EP Dutton, 1954).


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