martes, 29 de noviembre de 2016

Conversación con el profesor Pierre Vilar


Entrevista: Manuel Blanco Chivite. Introducción: Javier Coria. Ilustraciones: Josep M. Maya.

La nueva entrega que les ofrecemos en la sección “Entrevistas en Blanco y Negro” es esta entrevista que le hizo Manuel Blanco Chivite al célebre historiador e hispanista francés Pierre Vilar (1906-2003).

La entrevista se publicó por primera vez el 22 de diciembre de 1985 en el periódico La Gaceta del Norte, de Bilbao; aunque la versión que reproducimos es la que, a modo de introducción, se recoge en el libro Sobre 1936 y otros escritos, Pierre Vilar (ed. VOSA, Madrid, 1987) y que Manuel Blanco nos ha cedido amablemente. Como se indica en la entrevista, Vilar estaba preparando en aquellos momentos su famoso libro, y obra maestra de la síntesis: La Guerra Civil española, que en una colección de bolsillo fue editado en España (Crítica/Grijalbo) y en Francia (Presses Universitaires) en 1986. Vilar se doctoró, en 1962, con la tesis Cataluña en la España moderna, obra monumental editada en 1963 por primera vez. Claro que su gran superventas fue Historia de España, obra prohibida por la censura franquista pero, a pesar de ello, tuvo múltiples ediciones llegando después a ser un manual de estudio en los centros de enseñanza.

Manuel Blanco Chivite, por entonces periodista y dirigente antifranquista (hoy escritor y editor) entrevistó a Pierre Vilar en el hotel Colón del barrio Gótico de Barcelona. De boca del propio Vilar sé qué era su lugar preferido para pasar temporadas en Catalunya, y el lugar, con una decoración un tanto decimonónica por aquella época, tiene su historia de literatos que pasaron noches en el lugar, con mala luz en las habitaciones para leer, como dijo Julio Cortázar. Carlos Fuentes, Cabrera Infante o Jean Paul Sartre, entre otros, se alojaron en este establecimiento, claro que quizás el que hizo el comentario más curioso fue Tennessee Williams, que dijo: “es el mejor hotel para escribir teatro”. No en vano el dramaturgo norteamericano escribió en el hotel Colón su obra La rosa tatuada, en 1951. En fin, que disfruten con esta magnífica entrevista y se darán cuenta que a pesar de los treinta años transcurridos, hay cosas de plena actualidad.
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La presente entrevista, que abre este conjunto de textos poco conocidos, y algunos inéditos, del profesor Pierre Vilar, fue realizada en diciembre de 1985, en el hall de un hotel del Barrio Gótico de Barcelona, con motivo del por entonces próximo cincuentenario de la guerra civil española. En esos momentos se preparaba la edición, primero en España por Grijalbo, y posteriormente en Francia, en la colección “Qué sais-je?”, de un pequeño pero sugerente y fascinante libro titulado precisamente La guerra civil española.

A cincuenta años, prácticamente, del inicio de la guerra civil española, ¿qué valoración puede hacerse de aquellos hechos, de sus consecuencias inmediatas, cuarenta años de dictadura, y posterior diez años de monarquía?

Es muy difícil “valorar” en pocas palabras las consecuencias de una guerra y el contenido histórico de cinco decenios. Primero, porque en una sociedad como la nuestra una época no es positiva o negativa para la sociedad entera, sino negativa para unas clases y positiva para otras. Segundo, porque ciertos hechos globales –por ejemplo, los programas de la tecnología- pueden tener efectos positivos para todos a largo plazo, pero negativos a corto para los sectores dominados de la sociedad. Y tercero, porque se suele imputar a lo político estos efectos positivos o negativos, cuando el análisis que debe hacerse es el de la estructura económica-social imperante, cuyos aspectos políticos son consecuencias tanto como causas; el capitalismo puede servirse sucesivamente de sistemas políticos opuestos, aunque son opuestos en las apariencias más que en su naturaleza profunda.

De 1936 a 1939, la guerra civil –que en muchos aspectos fue una guerra internacional- desencadenada por un golpe militar debido al miedo a posibles conquistas sociales de la clase trabajadora, destruyó mucho y las destrucciones no se recuperaron hasta finales de los años cincuenta, con miserias y atrasos dignos de los países menos desarrollados del mundo, y, en contraste, se dieron acumulaciones de fortunas verdaderamente escandalosas. De 1960 a 1975, en España, como en el mundo entero (entendemos el mundo tecnológicamente avanzado) se dio un crecimiento productivo global, con una enorme formación de capital y una participación mínima de las clases trabajadoras en los progresos materiales, en el sentido de que para vivir apenas un poco mejor se debía trabajar mucho más que nunca, o bien, emigrar. Además, el mínimo gesto reivindicativo de lucha chocaba con la brutal represión del sistema político heredado de la guerra. Después vino, a partir de 1975, la crisis económica mundial, cuya característica esencial fue, y sigue siendo, el paro forzoso. Como pasa siempre en tiempos de crisis y paro, la combatividad obrera puede ser dominada por medios económicos más que por medios autoritarios; estos medios, sin embargo, son mantenidos o reaparecen en cada sector o momento donde pueden surgir peligros para el sistema global.

La salida pactada y consensuada del franquismo, ¿qué hechos y qué fuerzas la posibilitaron?

A la muerte de Franco, salir del franquismo era posible y útil para las clases dominantes españolas, en un momento en que la ideología “occidental” hacía de la democracia formal la característica mítica del funcionamiento del sistema y asimilaba el “totalitarismo” socialista a las dictaduras militares o fascistas, al tiempo, además, que aceptaba tales dictaduras perfectamente o las imponía el propio capitalismo en uno u otro país en que hubiese un peligro real o imaginario para él. La aceptación de esta visión del mundo por los partidos de izquierda –entre ellos la mayoría de los partidos comunistas- llegó a preparar la fusión (o las combinaciones) entre el personal del sistema anterior y los antiguos opositores candidatos al poder. El mismo mecanismo ha funcionado para las oposiciones de tipo nacionalista. Todo eso, naturalmente, con excepciones. Pero son cosas que todo marxista con mediana formación podía prever.

Ahora está en marcha en España un homenaje a todas las víctimas del franquismo y a todos los luchadores por la libertad, en el que usted participa. ¿Qué juicio le merece esta iniciativa? ¿Cómo juzga los cambios y los no cambios habidos en estos años?


Me ha parecido muy justificada la iniciativa de los grupos que han propuesto un solemne homenaje a las víctimas del franquismo. Como extranjero, no me gusta enjuiciar los momentos políticos distribuyendo condenas o consejos. Pero la oposición entre franquismo y antifranquismo, que es la oposición entre fascismo y antifascismo, fue una cosa internacional. Francia, Inglaterra, Estados Unidos fueron ampliamente responsables de la victoria de Franco y totalmente responsable de su mantenimiento en 1945. Hacer participar gente responsable de los peores momentos de represión (de 1940-45 o de 1975) en una visión idílica del presente es un peligro evidente para el porvenir.

No voy a decir, porque las exageraciones no sirven nunca, que el mundo político actual es peor de lo que fue el mundo franquista. Y después de todo, la hipocresía es un homenaje del vicio a la virtud. Pero la negación del pasado, el culto al olvido, la incomprensión ante la historia, son una manera de justificar a posteriori todo lo que fue el fascismo. En Francia los que colaboraron con Hitler son los que ahora denuncian el peligro comunista en nombre de la democracia. Y los mismos policías que conducían a los niños judíos hacia los campos de la muerte, fueron los que durante la guerra de Argelia arrojaban al Sena a los emigrantes magrebís de París y los que ahora “acompañan” a los refugiados vascos cuando los expulsan o extraditan.

Usted tuvo alguna participación y ayudó a los luchadores antifranquista, ¿conserva recuerdo, en particular?

Recuerdos habría demasiados. Pero mi participación fue demasiado de tipo humanitario e intelectual, para que valga la pena enorgullecerse de ella.

El problema vasco sigue siendo un problema clave en la España de hoy, ¿considera que el derecho a la autodeterminación continúa vigente?

Yo también considero el hecho vasco como determinante. He repetido tantas veces que el derecho de autodeterminación es esencial que no merece la pena volver sobre ello.

Hace casi exactamente un año que usted presentó en Madrid la primera edición española de la obra de Stalin, que lleva unas palabras suyas de presentación, ¿qué importancia da a las aportaciones del dirigente soviético al tema nacional?

Sobre este punto no puedo sino repetirme también. Mucha gente cree y dice (los periodistas también se repiten) que yo he deducido mis estudios sobre los hechos nacionales de las conocidas frases de Stalin. En realidad, después de haber analizado tanto como he podido hechos de este tipo, he llegado a la conclusión que las fórmulas más sólidas, más adecuadas sobre “nación” en relación a las realidades de clase, son las de Stalin. ¡Y eso desde 1904!

En cuanto a la aplicación a la actualidad, valen según la capacidad de los hombres y de los partidos para tomar en cuenta cada factor –conciencia nacional y conciencia de clase- en su relación con la sociedad.

España entra en el Mercado común y está en la OTAN. ¿Quién gana? ¿España, el Mercado Común, la OTAN?

Como siempre contestaré que “España” o “Francia” son entidades que es peligroso personificar. Los grupos económico–políticos que negocian acuerdos lo hacen conforme a sus intereses, no a los de todos los “españoles”, “franceses”, ni siquiera de sus mayorías.

En cuanto a la OTAN es un poco distinto. Lo que me preocupa es el papel de los militares de cara al porvenir de la paz. Cuando pienso en el papel de los militares (y diplomáticos) entre 1936 y 1939, en sus prejuicios, ignorancias y hasta sus errores técnicos, me da miedo toda ampliación de la intervención de los estados mayores internacionales en nuestro porvenir.

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