viernes, 3 de octubre de 2014

La tradición no puede ser una excusa para la barbarie


Texto: Javier Coria. Fotos: Asier Gascón Garrote

En el pueblo vallisoletano de Tordesillas, en la comunidad autónoma de Castilla y León, se celebró el llamado torneo del Toro de la Vega, mal llamada fiesta taurina que consiste en lancear hasta la muerte a un toro de lidia. De origen medieval, se celebra cada año el segundo martes de septiembre.

Defendida mayoritariamente por los vecinos del pueblo (aunque nunca se le ha preguntado a sus 9.000 habitantes), desde hace años esta práctica sangrienta ha suscitado muchas críticas dentro y fuera del país, pero cuenta con el visto bueno de la legislación vigente. En el año1980 fue declarada en España fiesta de interés turístico, y en 1999, espectáculo taurino tradicional. Ni que decir tiene, que todos los alcaldes que ha tenido Tordesillas han defendido el evento con la sempiterna cantinela de la “tradición”, “se ha hecho siempre” o los más osados han tenido la poca vergüenza de hablar de “cultura”; claro que en realidad todo ello esconde el populismo de unos ediles que temen no ser elegidos si le aguan la fiesta a los lugareños. Esto le pasa al actual alcalde del municipio, el señor José Antonio González, miembro del PSOE y que ha tenido una falsa polémica con su flamante Secretario General, Pedro Sánchez. Requerido por el presentador de la televisión Jorge Javier Vázquez, votante del PSOE y contrario al maltrato animal, el señor Sánchez dijo que promovería una ley contra el maltrato animal si llegaban al gobierno. A los pocos días, el político registró en el Congreso una proposición no de ley, contra el maltrato animal. Pero al día siguiente, en la cadena de radio de los obispos, la COPE, Sánchez tranquilizó a la España más carpetovetónica declarando que si su partido llegaba al gobierno, no prohibiría las corridas de toros. Es cierto que nunca dijo que lo fuera hacer, pero hacer distinción entre maltrato animal y la permanencia de la llamada “Fiesta Nacional”, es cuanto menos una trampa dialéctica, cuanto no una falacia. Claro que la falacia mayor es la que ha encumbrado a la tauromaquia como la esencia misma de la cultura hispana, por ello en 2010 se destinaron 500 millones de euros de dinero público a la industria taurina, cuando encuestas realizadas uno años antes demostraban que sólo un 18 % de los españoles estaban de acuerdo con subvencionar los toros, aunque es verdad que había un número mayor de los encuestados que sin ser taurinos, no aprobaban la prohibición. Precisamente en ese año de 2010, el Parlamento catalán aprobó por mayoría la prohibición de las corridas de toros, aunque en su territorio se mantienen festas molt nostrades donde también se maltrata a los bravos.



Así se mata y tortura a un toro

La “fiesta” comienza cuando se suelta la res por las calles del pueblo, para luego ser conducida por la muchedumbre a campo abierto. Momento en que los lanceros, a caballo o a pie, alancean al animal con sus picas hasta darle muerte, después de desangrarse el morlaco por sus múltiples heridas, o ser apuntillado cuando las heridas son de muerte. Si el animal rebasa los límites del lugar del torneo o no muere de las lanzadas, el astado es indultado, cosa que casi nunca pasa (sólo en dos ocasiones) por la cantidad de gente que persigue al animal. Se dice que es una forma de medir la fuerza de un toro de lidia, sin despuntar, de unos 4 a 7 años y entre 400 y 600 kilos de peso, con la fuerza de un hombre armado con una pica, claro que sólo hay que ver las imágenes para notar que son varios centenares de personas las que asedian al animal y lo conducen a sus matarifes. Aquí quería hacer notar la aberración, según mi punto de vista, de que padres y madres acudan a este terrible espectáculo con sus hijos menores de edad, sin que  ninguna autoridad lo impida. Menores con sus padres en una suerte de macabra iniciación sangrienta, progenitores que quizá luego evitan que sus vástagos vean la televisión fuera del horario protegido.



La muerte de “Elegido”

“Ciertos son los toros” decían nuestros abuelos para indicar una cosa que sucede como se esperaba, así fue este año. Los 300 activistas antitaurinos, venidos de Galicia, Catalunya y Madrid, hicieron una cadena humana para impedir la muerte del toro llamado “Elegido”, cosa que no consiguieron, principalmente porque fueron desalojados por la policía antidisturbios… ¡Qué ironía! Hubo insultos, empujones y hasta guerra de pedradas entre defensores y detractores del Toro de la Vega. Entre las pedradas fue herida gravemente una joven animalista que sangró profusamente por la cabeza. Mientras era conducida por los sanitarios a una ambulancia, unos salvajes donde destacaba la voz de una mujer, además de insultar a la activista, les decían a los enfermeros que no la atendieran, cosa que quedó recogida por las cámaras de la televisión. En ese momento los insultos fueron mutuos, y mientras los animalistas gritaban consignas como “la tortura, no es cultura”, o calificaban de catetos y salvajes a los partidarios del evento, éstos abucheaban a los activistas, que fueron escoltados por la policía fuera del pueblo. Como periodista tengo que denunciar la presión, violencia y amenazas que reciben los informadores que acuden al lugar, como en el caso de nuestro fotógrafo. Los integristas taurinofestivos persiguen a toda persona que quiera tomar imágenes, incluso con teléfonos móviles. ¿Pero no quedamos en que es una fiesta de interés turístico? ¿Tanto se avergüenzan de lo que hacen que no quieren enseñarlo al mundo? Dirán que están cansados de que se manipule, pero las imágenes muestran lo que hay, un animal torturado hasta la muerte por una turbamulta. Varios medios de comunicación de Europa han calificado el evento como una crueldad innecesaria y cruenta que nada tiene de cultural o atractivo para al turismo del siglo XXI.

Las imágenes del No-Do incitaron las primeras protestas

Algunos pensaran que la repulsa hacia este espectáculo es cosa de “modernos señoritos de ciudad”, pero las primeras impactantes imágenes que recogieron las cámaras del NO-Do en el año 1954, ya levantaron una corriente de opinión contraria al festejo. Hasta el ministro franquista Carlos Arcos y Cuadra propuso su suspensión. Desde 1966 a 1970 el Toro de la Vega sólo consistía en un encierro, pero otros prebostes del régimen, como Gregorio Marañón Moya o Antolín de Santiago Juárez, a la sazón subdirector general de Cultura Popular y Espectáculos, volvieron a permitir el llamado torneo con el alanceado de la bestia. Régimen que, por cierto, mantenía otra siniestra seña de identidad patria, las ejecuciones a garrote vil, cosa que hizo hasta 1974, con las ejecuciones de Georg Michael Welzel (muerto con el falso nombre de Heinz Ches) y Puig Antich.



El sevillano Machado dijo una vez que soñaba con una Sevilla “sin toreros”, quizá algún día escribiremos el epitafio de tan bárbara tradición.

Publicado en la revista Rambla, asociada al diario Público

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