viernes, 29 de agosto de 2014

“El Sueño de Polífilo”, libro hermético del Renacimiento


Por: Javier Coria. Fotos: Clemente Coria

Les hablaré de un libro que, desde que se publicó en Venecia en 1499, tiene un halo de misterio sobre su verdadero significado y su autor. La influencia de este texto en la antigüedad fue relevante y extensa, y grandes autores lo consultaron, se cita incluso a Cervantes. Fue un libro heterodoxo, y por ello perseguido. Hoy, en el siglo XXI, todos podemos leerlo libremente gracias al empeño de un editor poco habitual, un editor independiente: Jaume Vallcorba, fundador de las editoriales Quaderns Crema, en catalán, y Acantilado, en castellano, que ha muerto en los últimos días de agosto de 2014. La edición y traducción están a cargo de Pilar Pedraza, una autora que no deberían perder de vista si son lectores de este blog.

El "sueño" es la historia bastante excéntrica y recargada de los amores oníricos, y un tanto oscuros, de un clérigo. Se trata del Hypnerotomachia Poliphili o El sueño de Polífilo cuyo autor, aún discutido, se cree que fue el monje dominico Francesco Colonna. Es un poema alegórico de estirpe medieval con clara vocación enciclopédica, porque contiene conocimientos arqueológicos, arquitectónicos, litúrgicos, epigráficos, gemológicos y hasta culinarios. Pero, durantes siglos, son muchos los autores que han buceado en su verdadero significado y se han apuntado toda clases de teorías sin que aún ninguna sea la definitiva. Está claro, par un lector experto, que contiene muchas claves alquímicas, pero como digo, su verdadero significado, aún no ha sido revelado. No es extraño que, una misteriosa sociedad secreta a la que pertenecieron muchos escritores y artistas, tuvieran esta obra como libro de cabecera. Me refiero a la Sociedad de la Niebla.

El libro en realidad son dos escritos con distintas técnicas pero, según los expertos, proceden de la misma mano. Aunque parece que se unieron de una forma un tanto tosca. El primero nos cuenta el viaje onírico en primera persona de Polífilo, un viaje de carácter amoroso por regiones y construcciones alegóricas. Esto último podría explicar que, una de las primeras ediciones al castellano del libro, fuera hecha por el Colegio de Arquitectos de Valencia. En el segundo libro toma la palabra la amada Polia, que se introduce en el mismo sueño.


Como dije, su autoría aún está en discusión. Poco se sabe de su autor y son varias las identidades que se barajan. Para unos Colonna era un fraile veneciano y para otros un noble romano. Aunque el original no apareció firmado, se llegó al nombre de Colonna de una forma harto curiosa. En una edición francesa del siglo XVI, el encargado de la traducción se dio cuenta que, uniendo las iniciales de los títulos de los capítulos, se podía leer: Poliam Frater Franciscus Columna Peramavit, y se relacionó este apellido con una famosa familia de la época. Ya en el siglo XX, hay autores que citan a un tal Felice Feliciano como autor del “sueño” y aprecian en el acróstico solamente que: “Francesco amó a Polia”, pero no dice que escribiera el libro. Otras teorías hablan que el autor pudo ser León Battista Alberti, que fue poeta, arquitecto, lingüista, criptógrafo, arqueólogo… en fin, todas las materias que aparecen el en “sueño”.

Lo que sí sabemos es quién lo financió, pero no con qué motivo. Fue el Duque Leonardo Grassi. No sabemos nada del autor de los grabados, ilustraciones por lo que está obra adquirió fama. En cambio, el nombre del impresor sí que lo sabemos, y también se descubrió de una forma curiosa. Resulta que en una fe de erratas que sólo tenían algunas ediciones, se pudo leer “Aldo el Viejo, impresor”.

Sobre la lengua en que estaba escrito el original, también creó no pocos problemas a sus primeros lectores y traductores. En el texto se mezclaban el latín vulgar, el griego, el lombardo y hasta voces hebreas y caldeas. Pero para complicarlo más, su autor o autores, utilizaron palabras inventadas y un lenguaje pomposo y arcaizante que sacaba de quicio a sus críticos y traductores. Fue esta clara intención de enmascara el lenguaje, lo que le dio fama de libro esotérico, para iniciados. Es posible que la primera redacción se escribiera en italiano o latín, pero luego se encriptó con una mezcla de lenguas.

Son muchos autores que han citado o se han inspirado en el “sueño”. Desde Rabelais hasta Cervantes. Alejandro Dumas escribió El capitán Pánfilo, de “pan”, que como “Poli”, significa “todo”, y “Filo”, que es “hijo”. Nerval se inspiró en el “sueño” para su obra titulada Angelique. Rabelais utiliza algunos trucos del “sueño” para esconder sus amores en Gargantúa. Rabelais era posiblemente Rosa-Cruz y Dumas, sin ninguna duda, perteneció a la Sociedad de la Niebla. Pero también tenemos rastros en las novelas de Julio Verne, como El castillo de los Cárpatos o en el Viaje al centro de la Tierra, donde se habla de la fundación de una sociedad secreta formada por literatos. Hay autores que ven en el personaje de La vuelta al mundo en ochenta días, una referencia de lo que estamos hablando. En Phiélas Fogg estaría la clave. “Phiélas” puede descomponerse en “eas”, que en griego significa “todo”, que es equivalente a “Poli”. Lo del “Fogg” es más evidente, pues significa “niebla” en inglés.


Pero no hay que ir muy lejos para encontrar como este libro inspiró a pintores como Delacroix o Poussin. Basta con pasear por el Claustro de la Universidad de Salamanca, para ver en sus paredes grabados de este libro. Es más, hay zonas de los jardines de Aranjuez y de Versalles, que están sacados de las ilustraciones del “sueño”.

Quizás, el “sueño” sea el primer Manifiesto Hermético del Renacimiento. Un manual en clave donde se expresa una doctrina que se quería salvaguardar de las persecuciones. Una doctrina basada en la Vieja Religión, la de las corrientes neopaganas que practicaban en la Academia de los Príncipes y en las sociedades secretas de la época. Quizás ese amor a Polia sea el simbolismo de un amor a esos conocimientos heréticos y secretos. Pero todo, de momento, queda en un quizás, por lo menos por mí parte.

Medios que se han hecho eco de este trabajo:

Debedehaber

Revista Rambla

Para una interpretación de la obra: Candela Vizcaíno

No hay comentarios:

Publicar un comentario