viernes, 25 de abril de 2014

CRÓNICA DE UN SANT JORDI ANUNCIADO


CRÓNICA DE UN SANT JORDI ANUNCIADO:
POLÍTICOS, MEDIÁTICOS Y POCOS LITERATOS

Por: Javier Coria Fotos: Francesc Sans

Con el pregón, el día anterior, de la escritora de novela negra, la estadounidense Donna Leon, dio comienzo la tradicional fiesta del libro y de la rosa del 23 de abril en Catalunya, el día del patrón de Catalunya, Sant Jordi. Anunciado estaba que sería el Sant Jordi de Gabriel García Márquez, tras la muerte del escritor. Anunciado estaba que sería una jornada de reivindicación soberanista y con profusión del libro político y, ante unas elecciones europeas a la vista, con el desembarco de políticos de todo pelaje. Y anunciado estaba que sería, como así fue, uno de los Sant Jordi menos literario, si es que en alguna edición lo ha sido.


HOTEL REGINA, 10 H

Si hay una cita ineludible para todo seguidor de la farándula editorial y el postureo  de escritores y políticos, este es el “desayuno de escritores”, que este año cumplía su XV edición. En el Hotel Regina, en una sala claramente pequeña para tanto personal, se produce el ritual anual, la tortura diría yo, de apelotonar a todos los autores para que los gráficos de la prensa y las cámaras de televisión, inmortalicen la foto de familia de “los que van a firmar os saludan”. Imposible moverse, imposible mantener una conversación con tanto guirigay e imposible encontrar un literato de largo recorrido, de los que se creen que, por ejemplo, que la novela es un arte. Ya sabemos que es la fiesta del libro, no del lector, y menos de la literatura; también sabemos que hay libros de todo tipo, desde el de autoayuda, hasta el libro de pura evasión o el libro pensado como un producto marketing de usar y tirar, pero es que la edición literaria se está quedando para unos cuantos héroes, editores, libreros y escritores, que aún creen que hay espacio para el buen libro, aquel que calificó Borges como la “extensión de la memoria y la imaginación”.


MONJA Y POLÍTICOS EN BÚSQUEDA DEL VOTO

Éste redactor, en su paseo atropellado por la sala, se encontró con un variado tipo de personajes. Allí pude ver a un Pedro J. Ramírez, con esa media sonrisa de serie que me dicen que luce por doquier. Iñaki Anasagasti se dejaba fotografías con unas efusivas fans, mientras, a su lado, los focos de una cámara y el micrófono de una televisión se dirigía hacia Pedro García Aguado, el “Hermano Mayor” del programa de Cuatro TV. Por allí también estaba el presentador de  televisión Christian Gálvez, el doctor Eduard Estivill, o el deportista y broker de bolsa Josef Ajram. Asha Miró, Care Santos, Víctor Amela o la periodista y mi tuitera favorita, Cristina Pardo. En fin, esto les da una idea de qué va esta historia. Me dicen que estuvo, pero no coincidí con él, el novelista  negro-criminal por excelencia, Andreu Martín, y tampoco pude felicitar  a Rosa Sale Rosa y Plácid García-Planas, autores de El marqués y la esvástica, una excelente biografía de César González-Ruano, tan buen escritor como mala persona; colaborador del nazismo, sablista y estafador consumado.


Pero no podría cerrar este bloque sin hablarles de la “extraña pareja”. Sor  Lucía Caram, la mediática monja tucumana que destacaba con su hábito en la reunión, se aposentó en el estrado preparado para la foto de “familia”, claro que al principio no se dio cuenta que, a su espalda, había otra mujer que parecía querer salir en la foto junto a ella. Y lo hizo, detrás de la monja aparece una sonriente Rosa Díaz, de UPyD. Para Rosa Díaz este era su primer Sant Jordi, y vino a presentar un texto de su partido. La política, que suele cargar las tintas cuando habla de Catalunya y de los independentistas, se sentó precisamente detrás de una monja que se declara independentista. La UPyD es una organización testimonial en Catalunya, en las últimas elecciones catalanas de 2011, no pasó de un 0.17 por ciento de los votos, incluso menos que las formaciones más estrafalarias que se presentaron aquel año. Pero los políticos locales, de uno y otro color, también están en su particular guerra electoral en busca del voto, por ello este Sant Jordi fue, sin ninguna duda, el más político.


PLAZA CATALUNYA/BERGARA, 11,30 H

En el cruce de la calle Bergara con la plaza Catalunya nos dimos el primer golpe de realidad. A las puertas de la FNAC/El Triangle nos encontramos con un piquete, con banderas de la central sindical CGT, de unos cincuenta trabajadores de la multinacional, y que están realizando una huelga. Hablamos con Ferran Moltó, trabajador de la FNAC y miembro de su Comité de Empresa:

“Estamos pidiendo a la empresa medidas para implantar unos salarios que nos saquen de unos sueldos de miseria y del trabajo en precario. El 60% de la plantilla está con contratos a tiempo parcial, y a los que quieren aumentar su jornada, se les niega esa posibilidad. Además se presiona y coacciona a los trabajadores para obtener objetivos comerciales, como son conseguir socios para la FNAC o la venta de seguros para cámaras de fotos, televisiones, etc. Esto afecta a todas las plantillas de las FNAC en España, y no sólo lo denuncia la CGT, sino todos los sindicatos con representación en el Comité Intercentros”.


Seguimos hablando con el sindicalista, y trataremos en asunto en otro espacio y como se merece, pero en lo tocante al Sant Jordi, esta huelga tuvo más repercusión en los escritores que tenían que firmar aquel día, que en la propia plantilla del centro, que salvo los miembros del piquete, seguían trabajando. Nada más y nada menos que 54 autores, pese a estar anunciados, declinaron ir a firmar a la caseta que estaba preparada para tal efecto, en solidaridad con las reivindicaciones de los trabajadores de la FNAC. Desde primera hora, mucha gente ya guardaba cola para obtener una firma, pero por allí no pasaron la mayoría. Este fue el caso de Almudena Grandes, Enrique Vila-Matas, Andreu Buenafuente, Juan José Millás, Judit Mascó, Toni Albà, Antonio Baños, Jaume Barberà, Forges, Máxin Huerta, etc.

RAMBLAS ABAJO, 12 H

No hay una diada de Sant Jordi que se precie sin ramblear  un poco, pero nada recomendable para al que le agobie andar entre multitudes, sobre todo cuando se estrecha el paseo central a su paso por los puestos de las célebres floristas de las Ramblas. Francesc, mi compañero fotógrafo, se detuvo para hacerle la foto de todos los años a Roser, la veterana librera de la librería graciense  Cap y Cua, que pone mesa en las Ramblas. Ella nos comenta que le ha cogido la muerte de García-Márquez sin ninguna novela suya en el almacén, cosa que lamenta, porque se está vendiendo muy bien. Y tanto, aunque por vergüenza literaria no les vamos a dar la lista de los más vendidos, si les podemos decir que Cien años de soledad ha sido uno de los libros más comprados en puestos y librerías. Random House distribuyó 200.000 ejemplares de libros de Gabo.

Al dejar a Roser, un poco más bajo, me encuentro con el conocido activista e histórico dirigente vecinal, Andrés Naya, vecino que conozco desde que un servidor apenas había cumplido los 18 años y nos tirábamos a la calle en el 9 Barris de las luchas y reivindicaciones. Me regala un estupendo tomo de Quaders de Carrer, dedicado a los 40 años de lucha vecinal. Mientras hablamos de los achaques de la edad, un reducido grupo de la oposición al gobierno de Maduro en Venezuela, pasea en silencio con sus pancartas reivindicativas, momento en que se escucharon unos tímido silbidos procedentes de los grupos de izquierdas que venden sus libros en esa zona de las Ramblas. Francesc sigue buscando su foto del Sant Jordi, y dirige su cámara a un grupo de mujeres que atienden un puesto de la Comunidad Islámica de Catalunya.


Me dicen algunos, yo no puedo asegurado porque no la vi, que la propia Belén Esteban, a la sazón La princesa del pueblo, estuvo firmando su libro, quizá lo único que haya escrito del mismo, en unos almacenes del Portal de l’Ángel, ante la desesperación de sus compañeros de firma que vieron como las colas de compradores se desbarataban y ya nadie sabía cómo llegar a su autor preferido. En fin, Barcelona fue una fiesta en que la literatura no estaba invitada.

HACIA GRÀCIA, 13, 30H

Después de un par de cañas de cervezas y despedazar a media profesión, dejamos el centro para dirigirnos a nuestra hábitat natural, la muy noble, republicana, ácrata e independentista Villa de Gràcia, que en este día se convierte en la verdadera Vila dels Llibres. Antes de abandonar la zona de las Ramblas, y aunque este año no tuvimos tiempo de pasarnos, les recomiendo un visita a la recoleta plaza de Sant Just. Ahí podrán disfrutar de un Sant Jordi muy particular, el de la muestra y venta del libro de artista. Sí, el libro único y manufacturado como un objeto, que lo es, de arte.

Llegamos a Gràcia con un sol esplendido y pasamos por la literaria plaza del Diamant, donde Francesc parece que ha encontrado la imagen que buscaba. En la calle Verdi nos pasamos por nuestra casa, la celebrada librería Taïfa, que está a reventar, con personal contratado para la ocasión. Desisto molestar a Jordi con mis preguntas. Dicen que los clientes hacen a las buenas librerías, pero las mejores educan en buenos hábitos lectores a sus clientes.  Taïfa, durante mucho tiempo, estuvo dirigida por el poeta y editor Josep Batlló, y allí lo encontramos, vigilante y contento. En la calle tienen una mesa donde jóvenes y no tan jóvenes promesas se enfrentan a su primer Sant Jordi. Como emoción, y cierta valentía, exponen su obra al examen del lector. Como ya habrán notado que esta es una crónica heterodoxa del Sant Jordi, sin listas de más vendidos, con crítica y sin autores mediáticos o consagradas firmas de la literatura… ¿Acaso había alguna?, pues terminaremos con una mini entrevista a dos jóvenes autoras que estaban firmando en Taïfa.

Sachiko Ishikawa es una joven japonesa que lleva 20 años en Catalunya, como tiene 25 años –a punto de cumplir 26, me aclara-, ha vivido la mayor parte de su vida en Barcelona. Ishaikawa es la autora de Cuentos del Japón oculto, de la editorial Taketombo. El libro, ilustrado por Laura Gallego, en una antología de relatos de terror y de fantasmas, que retratan a personajes de nuestros días, con seres del inframundo y la mitología tradicional japonesa.


“Es el primer Sant Jordi en que participo y este es mi primer libro, que ya presenté en el Salón del Manga. Me encanta esta fiesta, donde se mezclan libros con rosas, y como fan de la literatura, estar aquí me emociona. El libro está compuesto por veinte cuentos de terror originales míos, pero basados en fantasmas del folclore japonés que yo modernizo, ya que los traigo a nuestro tiempo. Al final del libro hay una relación de las leyendas originales con su explicación. La verdad que esto es un sueño para mí.”

Para Carla Gràcia Mercadé también es la primera novela que escribe, aunque no es el primer libro, porque ya ha publicado dos ensayos. Siete días de Gràcia (Grijalbo) novela los siete días de la llamada revuelta de las “Quintas” de 1870, la leva ordenada por el general Prim. Los vecinos de Gràcia se alzaron al grito de ¡Viva la República Federal! ¡Fuera las quintas!


“Es mi primera novela y mi primer Sant Jordi. Estuve 5 años para escribir esta novela, que va ya por la segunda edición. La novela relata los sucesos de la revuelta de las quintas, día a día lo que pasó, sin embargo, he cogido la  anécdota que nos cuentan, entre la historia y la leyenda, de que hubo una mujer que tocó la campana durante todo un día, con su noche, para avisar a los vecinos y que se refugiaran en Vallcarca, ya que la villa estaba siendo bombardeada desde la montaña de Montjuïc. Pensé en cómo esta mujer puso en juego su vida para ayudar a los demás. Así me inventé el personaje de Mariana, que procede de una familia burguesa, con muchos secretos y misterios que voy desvelando durante esos siete días. No es una novela histórica clásica, porque lo más importante no es conocer los hechos, ellos son el contexto para que los lectores puedan entender los personajes, cómo vivían, qué pensaban y por qué llegaron a esa situación y, lo que para mí es lo más importantes, cómo sentían. En la novela se mezclan personajes reales como el general Eugenio Gaminde, que pasó a la historia como el general “bum-bum”, o el jefe de la revuelta en Gràcia, Francisco Derch”.

Publicado originalmente en la Revista Rambla

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