jueves, 2 de enero de 2014

CONTRA UN LADRÓN DE PENSAMIENTOS


CONTRA UN LADRÓN DE PENSAMIENTOS –Carta VIII-

Señor

El hecho que nuestro amigo nos robe los pensamientos no es más que una señal de su aprecio por nosotros: no los cogería si no los considerara buenos. Y nosotros nos equivocamos mucho al quedarnos pasmados porque él, que no tiene hijos, adopte a los nuestros. Por lo que a mí respecta, lo que me ofende (pues ya sabéis que tengo un espíritu vengador de entuertos, y una fuerte inclinación a la justicia distributiva) es ver cómo él atribuye a su ingrata imaginación los buenos servicios que le da su memoria, y se considera el padre de mil elevadas concepciones, de las cuales no es más que la comadrona.

Vamos, Señor; después de esto podemos vanagloriarnos de escribir mejor que él, dado que él lo escribe todo como nosotros, y dejar en ridículo que, a su edad, tenga todavía un escribiente en su casa, pues a nosotros no nos hace otro mal que tornar nuestras obras más legibles. Al contrario, deberíamos recibir con respeto tantas sabias advertencias morales con las cuales procura reprimir los arrebatos de nuestra juventud.

Sí, es verdad, nosotros deberíamos tener más fe en él, y dudar tan poco como del Evangelio, pues todo el mundo sabe que no se inventa esas cosas. Ciertamente, tener un amigo de esta clase es como mantener una imprenta a bajo precio. Yo imagino, a pesar de todos sus grandes manuscritos, que si algún día, después de su muerte, se hiciera un inventario de su biblioteca, es decir, de los libros que son obra de su genio, todas las obras reunidas, frente a las que no le pertenecen, formarían una colección de papel en blanco.

Se atribuye sin cesar los despojos de los muertos, y cree que inventa aquello que recuerda. Pero, de esta manera, demuestra mal la noble extracción de sus pensamientos, al cogerlos tan antiguos como un hombre todavía vivo. Pero quiere llegar a la metempsicosis, y demostrar que, al servirse de las ideas de Sócrates, no las robó, habiendo sido él, en otro tiempo, el mismo Sócrates que las imaginó. ¿No tiene suficiente memoria para enriquecerse sólo con este bien? ¿Cómo? ¡La tiene tan grande que recuerda lo que se dijo treinta siglos antes de que él naciera!

En cuento a mí, que soy algo menos sufrido que los muertos, conseguid que me permita poner fecha a mis pensamientos, a fin de que mi posteridad no sea dudosa. Antaño existió una diosa Eco, y él, sin duda, debió ser su dios, pues, al igual que ella, siempre repite lo que los demás dijeron, y lo repite palabra a palabra con tanta exactitud que, el otro día, al transcribir una de mis cartas (él llama a esto componer) le costó todo el esfuerzo del mundo escribir “Vuestro seguro servidor Beaulieu”, porque al pie decía,

Vuestro seguro servidor
De Bergerac

(Cartas satíricas, Cyrano de Bergerac. MRA Ediciones, colección La Risa Universal, traducción de Montserrat Nofre Maíz)

NOTA: Cyrano fue uno de los literatos más plagiados de su tiempo. El mismo Moliere le copió una escena para su obra Los enredos de Scapin, concretamente de la obra de Cyrano El pedante burlado.

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