domingo, 29 de julio de 2012

UN TAL EDUARDO MENDOZA SE CARGA A KAFKA


Colaboración:

EL ENANO MENDOZA SE HA QUERIDO CARGAR A KAFKA

¿Hasta qué niveles de degradación va a descender la literatura española?

Anécdotas aparte, que en seguida contaremos, lo primero que queremos hacer es aludir al hecho de que, en el campo de la literatura española, están ocurriendo cosas que cada vez nos sitúan más en el inframundo. La corrupción que encharca todos los estamentos del país, la incompetencia de todos cuantos tienen en sus manos alguna influyente actividad, ha contagiado al mundo de la cultura, que chapotea en el fango de la corrupción, la mentira, la incompetencia, el amiguismo y la ignorancia. Y ello en todas sus parcelas: la ministerial, la académica, la de la supuesta creación, la de la llamada crítica literaria y la de la información periodística y libresca.

A nuestros lectores no creo que haya que ponderarles cuánto sabemos nosotros de todo eso. Desde abril de 1995, en que apareció nuestro primer boletín de papel, estamos señalando, demostrando, denunciando, en primer lugar, la ínfima calidad de nuestra novela y, en segundo, la incompetencia o venalidad de los críticos, que elevan a la categoría de obras maestras las que no son más que basura. Señalando y denunciando también los enjuagues en que consisten los llamados Premios Literarios, especialmente el Planeta, que un fabricante de libros –que no editor— convoca y otorga a un libro que él mismo va a editar, contando con un escritor inmoral, con el que previamente se ha puesto de acuerdo, y engañando a los lectores, al obtener una fabulosa cantidad de publicidad gratuita merced a la ignorancia de los periodistas y a la mentalidad tercermundista de los miembros de la Casa Real, del Ministro o la Ministra de Cultura de turno, de las “autoridades locales” como la Generalitat, de los miembros del jurado y de los componentes del llamado mundo literario, que se toman en serio y valoran como hecho cultural lo que no es más que una operación comercial. De hecho, La Fiera nació para luchar contra la que desvergonzadamente se llama industria cultural, a la que pertenecen todos esos.

Quiero decir con esto que, al cabo de diecisiete años de analizar, describir y evidenciar todos los recovecos de la inmundicia pseudocultural y sus agentes y beneficiarios, creíamos haberlo “visto todo”, y estar vacunados contra cualquier sobresalto. En esta creencia dormitábamos, sí, cuando nuestro hombre en Barcelona nos hizo llegar un video y la noticia de una conferencia de Eduardo Mendoza, uno de los mimados y consiguientemente más ponderados por la inexistente crítica “novelistas” de la recua hispana, pésimo relator de infumables novelas de entretenimiento que aburren, enemigo de las ideas y de la teoría literaria, ignorante de los clásicos y de la gran novela del siglo XX, chanchullero de premios amañados, aspirante lacayuno a un sillón en una Academia en la que cabe todo, y tonto del culo, como suele decirse.

Visto el video, con un Mendoza balbuciente, con gestos de estar auténticamente defecando sus conatos de ideas y ridículamente gesticulante, rebuznando cosas como que Kafka no sabía escribir, que empezaba sus novelas y no sabía continuar, que no contaba nada, que era confuso, que por eso nadie ha podido terminar de leer El Castillo, que el principio de La metamorfosises una tontería, que las novelas han de tener, como las suyas, planteamiento, nudo y desenlace y la insoslayable descripción pormenorizada del pueblecito donde se desarrollan… los feroces, conmocionados, fuimos presa de la consternación. Por alguna razón, aquellas muestras de la ignorancia osada de quien no se ha enterado de lo que es la novela del siglo XX, la mejor de todas las épocas, nos parecían aún más delictivas que cuantas habíamos sufrido con anterioridad.

En medios feroces estamos habituados a los sustos. Cada nueva “novela” de Javier Marías, Almudena Grandes, Juan José Millás o Muñoz Molina; cada crítica de Pozuelo Yvancos, Ignacio Echevarría, Ricardo Senabre o Santos Sanz Villanueva; cada encíclica de Francisco Rico, José Carlos Mainer, Darío Villanueva o Jordi Gracia; cada entrevista con Juan Manuel de Prada, Pérez Reverte, Espido Freire o Lucía Etchevarría; cada artículo de Elvira Lindo, Álvaro Pombo, Maruja Torres o Antonio Gala nos suele provocar sarpullidos, fiebres intermitentes, dolores de cabeza, diarreas de diverso calado, punzadas en las articulaciones y otras dolencias basculantes, pero, la verdad, no los tumores de nalgas, las cefaleas coronarias, ni las subidas de triglicéridos y transaminasas que provocaron, sobre todo en los de más edad, los relinchos de Mendoza. Algunos, los más atosigados por la fiebre, balbucían: “no se puede ya caer más bajo”. Sobre todo porque estaban seguros de que ningún crítico desproveería a don Mendo, después de esto, del carnet de identidad ni de las credenciales de homo sapiens. Quedaría impune y en el lugar de honor que ya le había concedido, como impune quedó Muñoz Molina cuando se permitió burlarse de los grandes escritores comprometidos del siglo XX, Albert Camus, Sartre, Gide, Pratolini, Pavese, Hesse, Mann, Huxley, Steinbeck, etc., a los que retroactivamente aconsejaba que si querían mandar un mensaje, mejor que hubiesen enviado un telegrama, porque la novela no está para denunciar nada ni para influir en la sociedad. O Javier Marías cuando expectoró, en su discurso de ingreso en la Academia, que él le corregiría muchas cosas a Cervantes.

Los fieras de a pie, tanto como los motorizados, rezamos todos los días, maitines al amanecer y laudes a media mañana a Kafka, Joyce, Virginia Woolf, Faulkner, Proust, Musil, Svevo y todos los demás que, tras los grandes de la Novela psicológica y de aventuras del siglo XIX, iniciaron la novela obra-de-arte-literario… Debe de ser por esto por lo que las bravatas de castrado mental del Mendoza suscitaron tan grandes trastornos en nuestros organismos estéticos. Si cualquier indocumentado iconoclasta podía atentar contra el nuevo Parnaso con las bendiciones de la crítica, las cátedras de Literatura, las direcciones de los suplementos culturales –Fernando Rodríguez Lafuente, Blanca Berasátegui, María Luisa Blanco, Armas Marcelo, etc.--, la Academia y el Ministerio de Cultura, ¿qué podía venir después? Sin duda, la abominación de la desolación, el imperio absoluto de las mafias antiliterarias, la entronización de la mierda erigida en guardia de la porra de los caminos literarios…Un cuento de miedo contra el que no estábamos vacunados. En lugar de la novela universalista y acorde con el signo de los tiempos, basada en una nueva teoría estético novelística, el regreso al costumbrismo castizo vacío de ideas, practicado por unos tipos que, en sus columnas y artículos, denuncian la inmoralidad reinante y en sus carreras de presuntos escritores se prestan a todas las componendas, a todos los fraudes, a todos los embustes que haga falta para ganar dinero y fama, que es su objetivo, no el de hacer literatura.

Mi intención, al escribir este artículo, no era hablar del glorioso Franz Kafka ni de su contribución a la formulación de una nueva novela –no hace falta--, sino la de tratar de aplastar al rata Mendoza. Pero he encontrado en Internet, por donde tanta porquería circula, unos comentarios a su, después de todo, ingenua perorata, tan cultos y ajustados, que no me resisto a transcribirlos como postdata.

Cristina Aguilar (de La Fiera Literaria)

Eduardo Mendoza: "Kafka era un mal escritor; y él lo sabía"


Si no puede ver este vídeo sigan el enlace

Postdata: Algunos comentarios dejados en Youtube:

Mendoza, de nuevo escucho tu perorata y he llegado a la conclusión de que no sabes nada de literatura. "Kafka no tenía di idea de la narración", serás cateto. La narración desde el descubrimiento del subconsciente y el concepto de tiempo de Bergson o Einstein, no es lineal, y, desde Joyce, en su Ulises, ni siquiera precisa de puntuación en los estados de conciencia que están entre el sueño y la vigilia. Los dogmáticos, al ignorar las esencias ponéis el acento en lo secundario. ¡Sois patéticos!

papaguino1

Un viejo mediocre, intentando epatar a una audiencia a la que cree estúpida. Un intento de rellenar una conferencia que no ha preparado, a base de denigrar a un gran escritor, el mejor que ha reflejado la angustia del individuo en el siglo XX. La estampa del escritor metido a conferenciante en su estado más sucio, rastrero y miserable. Ni aunque te metieras entre cuatro paredes a escribir veinticuatro horas al día lograrías vislumbrar un comienzo como el de "La metamorfosis".

dermott44 

Estoy en absoluto desacuerdo con lo que este señor dice. Sus argumentos son ridículos, insensatos y demuestran una pobre noción de lo que se puede hacer en narrativa. Mala noticia para este señor: a Kafka lo seguiremos leyendo y estas arbitrarias opiniones sobre Kafka quedarán sepultadas en el olvido.

wacquez

Mr Mendonza's speech is nonsensical, almost ridiculous. Kafka is perhaps the greatest writer of the 20th century, by far more complex and skilful than Mendoza seems to think. The problem is that sometimes critics of an average or low level, as Mr Mendoza undoubtedly is, want to impress their audience by holding "strong" opinions and swimming againts the tide.

48stefano

Con permiso del señor Mendoza, yo he leído “El Castillo” tres o cuatro veces, y lo mismo “El Proceso”, “La metamorfosis”, “En la colonia penitenciaria” y otras, entre ellas, ese monumento al humor que es “América”. Por supuesto que Mendoza no está capacitado para descubrir el humor de Kafka, ni para saber lo que es el fluir de la conciencia, el monólogo interior ni otros elementos de la novela que inician Joyce, Proust y Faulkner y cuya trayectoria, aquí en España, han interrumpido él y otros acémilas literarios como Muñoz Molina, Javier Marías, Pérez Reverte, Almudena Grandes, Rosa Regás, etc. Nuevos elementos debidos a los descubrimientos de las nuevas ciencias, como la psicología de las profundidades de Jung, la Relatividad y la Mecánica Cuántica, que aniquilan la mecánica de Newton y dibujan una nueva imagen del Universo.

9 comentarios:

  1. Que tontería, este tipo no sabe que lo de menos, en una obra artística literaria, no es la trama, sino como se cuenta. Son autores que hablan de "refundar" la narrativa, ellos que no paran de repetir una y otra vez las viejas fórmulas de los folletines del siglo XIX, léase al propio Mendoza, Reverte...

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  2. ¿Y este Mendoza qué ruta consagra?

    ¿Tiene alguna importancia/trascendencia lo que opine sobre Kafka o sobre el apareamiento de los molúscos en las Islas Kandongas?

    Javier: si no es molestia, dedica también un artículo a lo que opinan Cristina Aguilar y Mendoza sobre la fabada y el bosón de Higgs.

    l'agüela

    ¡

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  3. "Érase una vez..." o, "érase que se era..." ¡Sí señor Mendoza!, así se empieza una historia, qué es eso de infringir las normas que ya nuestros abuelos conocían, para qué liarnos con otras estructuras literarias sólo del gusto de los esnobs y los lectores de gustos refinados. Más que “refundar” la literatura como usted dice, lo que tenemos que hacer es volver a los orígenes del folletín, la novelas por entregas, de los dramones de siempre con malos malísimos y buenos buenísimos, con tramas lineales y, sobre todo, volver al “populismo” literario. Con su mensaje de resignación cristiana, esperanza y fe en un futuro mejor, en el divertimento por el divertimento, en dar consuelo a las masas…, eso sí, sin pensar en un momento en cambiar el orden establecido, el régimen vigente, si acaso con algún tinte reformista para que no nos llamen conservadores. Y, sobre todo, volver al costumbrismo, eso si que era bonito, ¿verdad señor Mendoza? ¡Ay!, qué haría la Industria Cultural de Consumo sin mentes tan preclaras como usted. Ahora mismo voy a quemar todos los libros de Kafka, Proust, Faulkner, Camus, etc.,

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  4. Por cierto, esta conferencia la dio hace un par de años, no es de ahora, en Lector Iracundo creo que ya le dieron caña al tal Mendoza.

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  5. El comentario de Gatopardo, por lo general atinada e incisiva, en este caso está fuera de lugar. El hecho de que un desgraciado que, pese a serlo, ha sido elevado a la categoría de gran escritor por la crítica, diga las sandeces que Mendoza ha dicho sobre uno de los más grandes novelistas del siglo XX y sobre la novela en general, es relevante y significativo del bajo nivel cultural de este país.

    Lucía Tirado. La Fiera Literaria.

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  6. Creo que Gatopardo hace uso de gatuna ironía.

    En este blog ya dimos noticia del bosón de Higgs, por cierto, claro que Mendoza nos diría que no tiene un buen comienzo, que no está claro a dónde queremos llegar, y que no se vislumbra un final cerrado y feliz como le gustan a él. Nunca he comido con Cristina Aguilar, que yo sepa, pero presumo que por lo nutritivo de su prosa es partidaria de la fabada, como un servidor, pero no de los escritores garbanceros que tanto abundan en el cocido cultural actual.

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  7. Que el texto de Gatopardo es irónico resulta evidente. Pero también que su chanza va contra quienes nos hemos tomado en serio la afrenta mendoziana o mendoscópica a la mejor literatura de todos los tiempos. Ella viene a decir que “no es pa tanto”. Pero si resulta que el asno en cuestión pasa por uno de los tres o cuatro pilares de la novela española, yo creo que sí es para denunciar en serio sus rebuznos. La ironía a costa de él, sí. Como la que tú te gastas en el comentario en que hablas de iniciar las novelas con un “érase una vez…”. Además de malos, así son de antiguos estos tipejos

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    Respuestas
    1. Estimada Lucía: cuando usted tenga mi edad y le queden dos telediarios como a mí, comprobará que las "chanzas contra" suelen ser fruto de las hormonas desatadas de la juventud o de una senilidad mal llevada en un cerebro inestable: las chanzas "son sobre" quienes se toman la molestia de leer y escuchar a los berzas más vendidos de la industria editorial, y, encima, pretenden que comulguemos en su berrinche cada vez que esos pobres mendrugos dicen una tarugada, como no puede ser de otra manera.

      Hay que tener una energía sobrante para dedicarla a idiotas e idioteces o una monomanía temática que me faltan...

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  8. Será por eso que hay tan poca bibliografía sobre Kafka… que apenas se haya traducido y que no haya influido en nadie... En fin, Mendoza cada vez parece más que opte al Club de la Comedia que a la RAE... ¡pues que se le cumpla!.

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