martes, 28 de diciembre de 2010

NAVIDADES “NEGROCRIMINALES”


CARTA DE LOS LIBREROS

Nuestra lista de sugerencias. Podrían ser muchos más, pero al menos estos son garantía de buena lectura. Y si pasan por la librería, nos escriben, o nos llaman por teléfono, juntos encontraremos un libro apropiado para cada lector, que les permita ser recordados cuando la persona regalada finalice su lectura.

Nuestra lista

Para los y las que gustan de tragos fuertes, diferentes y libros llenos de vida, aunque sea mala vida. Confesiones de un gangster de Barcelona, de LLuc Oliveras.

Ninguno de los grandes novelistas negrocriminales nos había enseñado esta otra Barcelona. Un libro palpitante. Si no conociéramos a Dani el Rojo, y a sus amigos de La Barceloneta, nos creeríamos que es un producto de la imaginación del autor. Impresionante. No se lo pueden perder.
Para aquellos y aquellas que quieran conocer otros mundos sin salir de su sillón.


Nada, nada más en el mundo. Mássimo Carlotto. El último texto traducido de Carlotto. Es un corto monologo, pero lleno de desesperanza y lucidez.

Para los y las que echaban de menos a Harry Bosch.


Nueve dragones, de Michael Connelly. Se lee de un tirón. No defrauda, no aburre, no describe. Genuinamente norteamericano.

Para las y los que quieren saber más. Todo lo que sé sobre novela negra, de P.D. James. No habla de novela negra, habla de novela policial o novela enigma. No importa hay editores y/o traductores que llamarían helado a un cubito de hielo. Pero la gran dama británica nos da pistas y nos cuenta lo que le gusta. Abstenerse seguidores de James Ellroy o Jim Thompson, por ejemplo.

Para los y las que piensan viajar a lo largo del año que viene a Buenos Aires

Ciudad Santa, de Guillermo Orsi. No sólo por que fue Premio Hammett de la pasada Semana Negra. También, es una novela moderna porque es absolutamente clásica.

Para las y los que les gustan las novelas inteligentes de Ingrid Noll, y que disfrutan con la ironía y el humos inteligente. Tuya, de Claudia Piñero. Maridos imbéciles. Ironía, sutil sentido del humor, el azar… Corta y deliciosa.


Para los y las que piensan que Glasglow y San Francisco son ciudades hermanas.

Lennox, de Craig Russell. No se llama Terry, y es más parecido a El Agente de la Continental, duro, sobrio, que a Philip Marlowe. Pero tiene el mismo sabor de una novela de las de antes. Glasgow y San Francisco comparten la misma niebla

Para las y los que viajarán en vuelos de esos de baratillo, estas fiestas.

El profesor, de John Katzenbach. Seguramente habrá retrasos en los aeropuertos. Lo sentimos, pero un buen libro hace más llevadera la espera si nos engancha, si nos atrapa. Este es un libro que lo seguirá leyendo, en frágil equilibrio, mientras camina por el pasillo de embarque. Y además sale la Librería Negra y Criminal.


Para los y las que pensamos que sin ellos nada sería lo mismo. Asesinato en el Savoy, de Maj Sjöwall y Per Wahlöö. Martin Beck, es uno de nuestros policías preferidos, y nuestro sueco preferido. Con él cambió la novela negra europea. Mankell escribiría de otra forma, por ejemplo. Novela corta e intensa.

Para las y los que gustan de atmósferas cerradas, psicologías claustrofóbicas y odio entre hermanos. El minotauro, de Bárbara Vine. 1968, una enfermera sueca acepta un trabajo en el seno de una familia inglesa, que habita un caserón rural que ha conocido tiempos mejores. Cuatro mujeres enfrentadas, naturalmente de la misma familia. Ruth Rendell, con la “maldad” habitual.

Para los y las que amamos, profundamente, el cine negro. Sospechosos, de David Thomson. Libro lleno de imaginación y sabiduría cinematográfica. Para leer, mientras añoramos aquella primera vez... que vimos Casablanca. O Chinatown, o Extraños en un tren, o... Y además, sale el librero (en una nota minúscula, a pie de página).


Para las y los que nos gustan los crímenes clásicos, pero que pasen en Colombia. Hilo de sangre azul, Patricia Lara. Rencillas familiares, sórdidos secretos, doble moral, y, naturalmente, corrupción. Investigado por una periodista.

Para los y las que nos gusta el humor y la ironía para hablar de cosas serias.

Los tontos del pueblo están de nuestro lado, de Ross Thomas. Para que algo mejore, antes debe empeorar. Por ello el trabajo inicial para el que han sido contratados es corromper la ciudad aún más de lo que está.

Para las y los cristianos y cristianas El misterio de Layton Court, de Anthony Berkeley. Como que Doña Agatha ya no tiene ninguna “novela” inédita por descubrir, podemos leer a algunos colegas suyos, miembros como ella, del Detection Club. Y en la misma línea que ella de descubrir, al final, el asesino o asesina del propietario de la mansión, hallado muerto en la biblioteca, como no podía ser de otra forma. ¡Que época aquella que en las mansiones había biblioteca en lugar de pistas de paddle!

Para los y las que quieren leer las novelas antes de que hagan la película.

Oscura monótona sangre, de Sergio Olguin. Porque seguro que alguien hace una película de esta novela corta, pero intensa, que nos cuenta un amor “fou”, la fijación erótica de un empresario de éxito fácil y una muchacha de la miseria que rodea a Buenos Aires.

Para las y los que conocen a alguien que vaya a viajar a Estambul.

El árbol de los jenízaros, de Jason Goodwin. Seguro que se llegarán hasta el palacio de Topkapi. Si antes han leído el libro podrán evocar las andanzas de uno de los eunucos del harén, investigando extraños sucesos que pueden cambiar el rumbo del imperio otomano, en la primera mitad del siglo XIX. Y usted, quedará muy bien, por que está de oferta.

Para los y las que quieren saber como torturaba el franquismo

La carta. Historia de un comisario franquista. Antoni Batista. Terrible.


Para las y los que no han ido a Berlín y por el momento no pueden ir.

Sombras sobre Berlín. Volker Kutscher. Berlín como verdadero protagonista de la primera novela traducida del Comisario Gereon Rath. 1929, final de una década apasionante, y preludio de una década asesina.

Para los y las holmesianos y las y los sherlockianos. Los diarios de Regent Street, de Andrés González-Barba. Ya saben ustedes que durante un tiempo Holmes desapareció de la escena, pero el Londres victoriano continuaba envuelto en una oleada de crímenes. Un personaje anónimo ocupó el papel del genial detective.

Para los y las que les gusta Juan Marsé, la Barcelona de finales de los 50, y el Jamboree.

El sonido de la noche, de Xavier B. Fernández. Cuando Eisenhower llega a Madrid, un músico de jazz escapado de Las Vegas llega desde Francia a una Barcelona oscura, gris y silenciosa. Si lo regala o se lo regalan, acuérdese que la mejor compañía del libro es Noir, el último CD de Dani Nel.lo. Puro jazz clásico.

Para las y los que les gusta James Ellroy, dos posibilidades:

Giley, de Julián Ibáñez. Entre trago y trago, de Julián Ibáñez. La misma sordidez moral, la misma mezquindad invadiéndolo todo, luces de neón cutres, y otro mundo (peor) es posible, y se encuentra en las novelas de Julián Ibáñez. Pero sustituyan a Los Ángeles por Puertollano y a California por Castilla La Mancha. Personajes de una pieza, en manos de un herrero de los claroscuros.


Para los y las que se entusiasmaron con El poder del perro. El Invierno de Frankie Machine, de Don Winslow. Algunos novelistas escriben siempre la misma novela. Algunos lo hacen mejor, y otros, desgraciadamente, peor. No es, en absoluto, el caso de Don Winslow. La violencia de su anterior novela se convierte en delicada ironía, sin perder ni un ápice de potencia narrativa.

Para los que quieran regalar a hijos, hijas, sobrinos, sobrinas, nietos, nietas, (suyos o de sus amigos o amigas), su primer libro (o sus primeros) dedicado. El ladrón de paraguas, de Raúl Argemí. Bandidos y dragones, de Raúl Argemi. La imaginación de Raúl “Scherezade” Argemi, ilustrada por Raúl Sagospe. Cualquiera de los títulos del Inspector Cito y su ayudante Chin Mi Edo, creado por Toni G. Iturbe e ilustrado por Alex Omst.

Para las y los que tenemos síndrome de abstinencia del Inspector Méndez. Las calles de nuestros padres, de Francisco González Ledesma. Es la primera novela protagonizada por Méndez. Y de nuevo está a punto de entrar en el purgatorio de los descatalogados. Para recordar las calles oscuras del Barrio Chino de Barcelona, o conocer las huellas de las sombras de personajes con historias en minúsculas.

Para las y los que les gusta la novela de enigma clásica, pero que quieren descubrir una nueva “dama inglesa del crimen “. Sangran las piedras, de Francis Fyfield. Uno de los descubrimientos de los libreros en este año. En la correcta senda marcada por Patricia Highsmith y Ruth Rendell. Original y diferente.

Para los y las que confían en la recomendación del Gremio de Libreros de Madrid, sobre todo cuando aciertan. Cualquier otro día, de Dennis Lehane. No nos gusta los libros engordados artificialmente, pero nos encantan los libros gordos que saben a poco, que pides más. Una ciudad: Boston y una historia coral a principios del siglo XX que la marcará para siempre. Y a nosotros, como lectores.

Para las y los que nos gustan los halcones malteses: el libro y la película. Spade & Archer, de Joe Gores. Tres historias en una precuela que nos explica los detalles que no habíamos entendido del comportamiento de Sam Spade, en busca de la estatuilla del halcón. Y mientras lo lean, sentirán el aroma de las páginas de Hammett.

Para los y las que les gustan los acertijos. 43 crímenes para resolver, de Daniel Samoilovich. Se puede, pero no se debe, hacer trampas, mirando rápidamente la solución.


Para las y los pecadores. Siete pecados capitales, de Agatha Christie. Una novela para cada pecado, firmada por Doña Agatha.

Para los divorciados y divorciadas que se han dividido la biblioteca. Todo Marlowe, de Raymond Chandler. Las novelas y los cuentos protagonizados por este detective tierno por dentro y duro por fuera. Tampoco es necesario divorciarse para regalarlo o autorregalárselo.

Para las y los que perdonamos a Islandia lo del volcán. El hombre del lago, de Arnaldur Indrdidason. Perdonamos las cenizas molestas, si no le impiden a Indridason seguir escribiendo. En esta fantástica novela, de nuevo una vuelta al pasado, a un pasado que siempre vuelve.

Para los y las que aprendieron a leer con una del Oeste. La dama y el recuerdo, de Silver Kane. Una del Oeste, pero escrita ahora y aquí, por El Jefe de la banda. Con letra más grande.

Para las y los que descubrieron The Wire, para los que aún les queda el gozo de descubrir la serie: Cuatro propuestas:

Homicidio, de David Simon. El creador, el culpable.

La vida fácil, de Richard Price. Uno de los cómplices. En la serie dirigía un club de lectura en la cárcel.

Sin retorno, de Georges Pelecanos. Otro de la banda de excelentes guionistas. Lo que nunca le contarán de Washington los corresponsales.

The Wire, de adictos a la serie: Por orden alfabético de entrada al vicio: Marc Caellas, Jorge Carrión, Rodrigo Fresán, Sophie Fuggle, Nick Hornby, Marc Pastor, Iván de los Ríos, Margaret Talbot.


Para los y las que intercambian libros con sus hijo, hijas, sobrinos, sobrinas, nietos, nietas y jóvenes en general. Las puertas del infierno, de John Connolly. Toda la sabiduría literaria de Connolly en una historia juvenil para compartir lecturas. Ellos, los más jóvenes, por la historia, divertida y bien contada y ustedes por que es Connolly y su lucha del Bien contra el Mal.

Y nuestras recomendaciones de siempre, para asegurar el agradecimiento duradero de la persona a quien le regalen:

1280 almas, de Jim Thompson

La neblina del ayer, de Leonardo Padura

Total Kheops, de Jean Claude Izzo

Disparen sobre el pianista, de David Goodis

La playa de los ahogados, de Domingo Villar

El poder del perro, de Don Winslow

Todo es silencio, de Manuel Rivas

Saludos negrocriminales y buena lectura.

FUENTE: Negra y Criminal

2 comentarios:

  1. Por Belcebú, señores libreros: ¡Dejen ustedes la manía de desdoblar el másculino y el femenino!

    Los lectores quizás no seamos virtuosos, y merezcamos el infierno; pero somos listos como ratas de alcantarilla, y no merecemos un escrito empedrado donde a cada paso se desdobla el masculino y el femenino para que no digamos que son machista.

    Estoy por reivindicar, ya que se empeñan, que sean consecuente y no discriminen olvidando añadir el y neutro y el epiceno.

    ¡Cagüenlá!

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  2. Porque a l'agüela no le gusta que le den la razón como a las locas, pero ¡cagüenlá! que la tiene.

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