viernes, 10 de septiembre de 2010

CUENTOS ALBANESES


QUEROS EN EL MUNDO SUBTERRÁNEO

Éranse una vez tres hermanos y el menor de ellos se llamaba Queros. Su mujer era muy hermosa y los otros dos ambicionaban tenerla para ellos. Un día le dijeron a su joven hermano:

-Prepárate y vente con nosotros para un largo viaje.

-De acuerdo, como queráis – les respondió Queros.

Así pues, el día de la partida, llamó a su mujer y le dijo:

-Escucha con atención lo que te voy a decir. Mis hermanos y yo tenemos que hacer un viaje por tierras lejanas. No debes inquietante por ello, sino estar muy alerta y no abrirle la puerta a nadie hasta que yo esté de vuelta y te diga que me abras.

Cuando todo estuvo preparado, los tres hermanos emprendieron la marcha. Después de caminar durante algún tiempo, se detuvieron para descansar y el mayor de los tres le dijo a Queros:

-Hace un sol abrasador y desfallecemos a causa de la sed.

Cerca de aquí hay un pozo, pero no tenemos a mano una cuerda con que subir el agua. Como tú eres el más ágil de los tres, serás quien descienda hasta el fondo del pozo.

-De acuerdo – respondió Queros, - pero vosotros deberéis sujetarme bien, pues si me caigo corro gran peligro de ahogarme.

-No te preocupes por eso – le tranquilizaron ellos, - nosotros te sostendremos desde aquí arriba.

De este modo Queros descendió al pozo y les proporcionó el agua a sus hermanos, mas cuando se dispuso a subir, ellos lo soltaron y vino a caer en el mundo subterráneo, sobre la casa de una anciana mujer. Ésta le ofreció hospitalidad y le dijo que podía darle de comer, pero que no tenía una sola gota de agua, pues una terrible kuçedra (1) acechaba continuamente junto a la única fuente del pueblo y devoraba allí a una persona todos los días.

Queros se llegó hasta la fuente y vio cerca de ella a una joven toda afligida que entre sollozos le dijo:

-Mi hermano se casa hoy, pero la kuçedra no quiere darnos agua, si no es con la condición de que pueda comerme a mí…

-No te preocupes por eso, ni permitas que el desaliento se apodere de ti – le respondió Queros y, colocando su cabeza sobre las rodillas de la joven, se quedó dormido allí mismo.

Al poco tiempo apareció la kuçedra, la muchacha se echó a llorar de nuevo y Queros despertó. Introdujo entonces entre las fauces de la hidra tres ovillos de lana, que se le quedaron atravesados en la garganta al monstruo. A continuación desenvainó su espada y le cortó la cabeza de un solo tajo.

El rey y todos los habitantes del país se alegraron mucho y quisieron saber qué podían ofrecerle como recompensa.

-Nada, no quiero nada – les respondió Queros. – tan sólo que me llevéis hasta allá arriba, al lugar de donde vine, pues siento nostalgia después de tan larga ausencia.

-Está bien – le respondieron ellos, - pero antes deberás matar a la serpiente que todos los días intenta devorar a las crías de la única águila que tenemos aquí; ella, en recompensa, te transportará hasta tu mundo.

Queros se dirigió hasta el lugar donde el águila tenía su nido, se emboscó a la espera de que hiciera aparición la serpiente, que no tardó en llegar, y acto seguido la mató.

Cuando el águila volvió y vio a sus polluelos sanos y salvos y muerta la serpiente, se puso muy contenta y prometió a Queros que lo llevaría hasta su país, pero antes tendría que proporcionarle doce grandes panes y doce porciones de carne. El joven se los procuró sin tardanza y seguidamente emprendieron el vuelo.

Mas, como el recorrido era largo, las provisiones se acabaron pronto y el águila dijo que no podía continuar el viaje sin tener qué llevarse a la boca y que le sería preciso deshacerse de su pasajero. Entonces Queros se cortó primero las pantorrillas y luego una rodaja de cada uno de sus muslos, y le iba dando los pedazos de carne para que comiera a medida que avanzaban. Al poco tiempo el águila tuvo hambre de nuevo y volvió a pedir más para colmar su insaciable apetito, por lo que el joven Queros le entregó un trozo de su pecho. Algo más tarde le ofreció parte de sus brazos y de su espalda. Sin embargo el águila tenía cada vez más apetito y el viaje parecía interminable. Entonces Queros le dio a comer lo que quedaba de la carne de su cuerpo. Y así, cuando por fin llegaron a nuestro mundo, el viajero no era más que un esqueleto sobre el lomo del águila.

Los chiquillos, que fueron los primeros en reparar en ellos, corrían y se agitaban gritando: ¡Mirad, mirad! ¡Un muerto y un pájaro que vuelan juntos!...


(1) kuçedra: Especie de hidra de muchas cabezas, frecuente en los cuentos albaneses. Como muchos de sus congéneres fabulosos, su característica y su proceder varían de un cuento a otro.

Traducción, selección y notas: Ramón Sánchez Lizarralde

Cometarios: Y yo que me quejaba de viajar en aviones de compañías de low cost. Aunque, con las dichosas tasas, estas compañías son tan voraces como el águila del cuento.

Pronto tendremos en este blog un buen ejemplo de la literatura albanesa (¿verdad, Jesús?), y no es Kadaré.

1 comentario:

  1. Yo me esperaba un cuento más en la linea bíblica, y un poco aburrida, de José y sus hermanos, no este derroche un poco surrealista de originalidad albanesa. Me ha dejado sorprendido, y me ha gustado mucho

    ResponderEliminar