viernes, 5 de febrero de 2010

CURIOSIDAD HISTÓRICA: PROHIBIDO LEER


Aunque lo digo en el antetítulo, lo repito: lo que voy a contar es rigurosamente histórico. Imagínense la escena: Estamos en el siglo XVI. Un catedrático de zoología de la Universidad de Wittemberg (Alemania), llamado Carlstadt, rasgó su toga doctoral y se hizo mozo de cuerdas, repudiando la cultura y la instrucción. Durante un tiempo -poco, eso sí-, Andreas Rudolf Bodenstein (1480-1541), conocido por Carlstad ó Carlstadt, abrazó la causa de los Abecedarianos, una secta hija de la Reforma, que proclamaba que la ignorancia más supina era necesaria para alcanzar la salvación. El no saber escribir ni leer era el estado perfecto, según sus miembros, para alcanzar el éxtasis y la iluminación divina...

Cuando Lutero enseñaba que cada uno era dueño de interpretar a su modo las Sagradas Escrituras, su discípulo Nicolás Storch (Pelargus) fundó esta secta, y sostenía que cualquier creyente podía conocer el espíritu de los Libros Sagrados como el mejor estudioso. Para él, no se necesitaba la ayuda de ninguna ciencia, incluso decía que ésta podía distraer del objetivo final, que era estar atentos a la llamada interna de Dios. De ese rechazo a toda instrucción, incluso de las primeras letras A-B-C… derivó el nombre de abecedarianos.

Como se puede suponer, no fueron numerosos los miembros de esta secta, que más tarde fue confundida con la de los Anabaptistas. Podríamos decir que nació como una protesta contra los intelectuales que interpretaban las escrituras bajo su personal criterio y contra los teólogos, a los que veían como una especie de idólatras.

El tal Carlstadt volvió con Lutero quien lo escondió cuando se vio envuelto en la Guerra de los Campesinos. Fue el primer sacerdote que se casó públicamente. Más tarde, se exilió en Suiza. Por cierto, su hijo, Adam Bodenstein (1528-1577) fue médico y alquimista, discípulo directo de Paracelso y seguidor de la llamada “nueva medicina” paracélsica, llegó a afirmar que había descubierto la Piedra Filosofal y, durante la peste de Basilea, confeccionó un medicamento para curarla que, según algunos testigos, llegó a funcionar pero sin que nadie lo llegara analizar que se sepa. Claro que todo puede ser una leyenda. Cómo explicar, entonces, que el propio Bodenstein muriera de esta enfermedad un año después.
© JAVIER CORIA

4 comentarios:

  1. Las teorias de que des de la ignorancia se pueden alcanzar grandes metas veo que no son nuevas. Quizá una de las más aterradoras fue la del régimen de Pol Poth. Lleva gafas ya era signo de sospechoso intelectual y digno de ir a los campos de reeducación... Tu y yo lo tendríamos mal!
    Buen post.

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  2. A propósito de leer, no quiero que se me pase una fecha, la de hoy. Como ya he contado muchas veces, yo me inicié en la lectura con una colección de la Editorial Bruguera que se llamaba “Colección Historias Selección” y con las “Joyas Literarias Juveniles” que creo que ahora se vuelven a editar. Walter Scott, Salgari, Defoe, Twain, Doyle, Melville, London, Stevenson… y Julio Verne, el que tenía más obras editadas en estas colecciones. Hoy, 8 de febrero, se cumplen 182 años del nacimiento de Verne. Pronto hablaremos de él en este blog, cuando el tiempo y la gripe me dejen un hueco.

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  3. Ha pasado un mes, mejoró esa gripe?
    Me ha estrañado la poca presencia de J.Verne

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  4. HOLA, Núria. Sí, la gripe pasó y Verne ya empezó a asomar, vendrán más. Por cierto, el libro de Caperucita Roja en pop-up que tienes en tu página... ¿es una edición reciente?

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